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CUANDO LOS ALGORITMOS NOS CONOCEN MáS Y MEJOR QUE NOSOTROS MISMOS

“La ciencia está convergiendo en un dogma que lo abarca todo y que dice que los organismos son algoritmos; y vida, procesamiento de datos. Los algoritmos no conscientes pero altamente inteligentes pronto pueden conocernos mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos”.

Estas reflexiones se encuentran en el best-seller “Homo Deus”, del historiador y filósofo Yuval Harari. Las ideas del profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén sobre la relación entre humanos y tecnología han generado polémica y discusiones sobre el tema. Después de todo, ¿la tormenta tecnológica en la que está inserto el ser humano tiene un impacto negativo en las relaciones “genuinamente humanas”?

 

En el momento en que los padres miran a sus hijos jugando todo el día con aparatos electrónicos, se dice con cierta indignación y nostalgia la frase “en mi época era mejor”. En lugar de conversaciones, relaciones interpersonales, risas e historias, la atracción principal durante un almuerzo familiar suele ser el teléfono inteligente.

Sin embargo, el movimiento Quantified Self pretende mostrar otro lado de esta historia. El proyecto quiere demostrar que la tecnología puede aportar al ser humano el autoconocimiento necesario para una conexión y un aprendizaje fuera del mundo virtual.

 

El cuerpo humano proporciona datos de forma honesta y continua. Es como si las personas fueran Big Data esperando ser interpretados, y ahí es donde entra en juego el yo cuantificado. El proyecto, diseñado por Gary Wolf y Steven Jonas, prevé el almacenamiento e interpretación de estos datos.

“Autoconocimiento a través de los números” es cómo los participantes describen sus viajes. Los objetivos principales del proyecto van desde mejorar la salud mental y física, alcanzar una meta financiera, cambiar el estilo de vida o simplemente conocerse mejor.

 

Quantified Self está financiado por Article 27, una organización sin fines de lucro cuya misión es apoyar la participación de las personas en la ciencia. Hay varios productos derivados del proyecto en curso, como una aplicación que permite a los usuarios acceder a sus datos médicos en un formato que se explica por sí mismo. La información de salud recopilada por el teléfono celular y el reloj inteligente se recopila y presenta de una manera más simple y fácil de entender.

Las aplicaciones ayudan a rastrear datos básicos de salud como la calidad del sueño y el nivel de estrés, pero no se detienen ahí. Ya existen tecnologías que miden la fertilidad de las mujeres a través de sus datos médicos, información del ciclo menstrual y sensores que miden la temperatura corporal. También hay sensores que, al captar la información de que el individuo está estresado o alterado, empiezan a poner música clásica para calmarlo.

 

Además de los beneficios individuales, los investigadores están desarrollando tecnologías que impactan directamente en las relaciones humanas. Un ejemplo son los sensores colocados en los bebés que les permiten saber si el pañal está mojado y si la respiración es normal. También es posible identificar los primeros signos del Síndrome de Asperger, más conocido como autismo. También está la idea de sensores colocados en personas con Alzheimer, que avise a los cuidadores o tutores cuando el individuo está fuera de casa, para evitar que se pierdan.

 Otro proyecto en desarrollo, dentro del movimiento Quantified Self, es el de sensores de feromonas que pretenden, a través de la identificación hormonal, mostrar el nivel de compatibilidad que tendría una persona con otra.

 

 

Con todos estos recursos que brinda la tecnología, no es posible decir que las personas serán mejores padres, parejas o cuidadores. Sin embargo, es un hecho que el ser humano dispondrá de más información, precisa y necesaria, para que sea cada vez mejor.

 

El autoconocimiento  y el conocimiento en general– tiende a aumentar con la evolución de las tecnologías.

Como dijo Yuval Harari, los algoritmos podrán conocernos mejor que nosotros mismos. Es la inteligencia superando a la conciencia. ¿Es una declaración aterradora? No. Basta entender que la decisión del destino de los datos que se nos ofrecen seguirá siendo un atributo, todavía exclusivamente humano. Por lo tanto, cuanto más podamos disfrutar de los beneficios que la tecnología trae a nuestras vidas, más felices, saludables y realizados seremos.

 

La vida ya ha cambiado en comparación con el siglo pasado. Por cierto, en relación a la década, el año, el mes, la última semana. Desde la Edad Antigua, la vida es movimiento. Eso nunca cambiará. La diferencia es que la tecnología ha potenciado la velocidad de estos cambios y nuestra misión es disfrutar de los beneficios y vivir mejor.

 

Fuente: Mercado & Consumo