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MUNDIAL 2026: CóMO LAS MARCAS DEPORTIVAS SE DISPUTAN A LAS SELECCIONES Y LAS OPORTUNIDADES PARA LA INDUSTRIA COLOMBIANA

A cinco meses del inicio del Mundial de Fútbol 2026, el evento ya opera como uno de los mayores aceleradores económicos y comerciales del ecosistema deportivo global. La Copa del Mundo, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, no solo amplía su formato a 48 selecciones, sino que expande de manera significativa su impacto en audiencias, consumo y flujos de dinero.

En la edición anterior, la audiencia mundial superó los cinco mil millones de personas entre televisión abierta, plataformas digitales y redes sociales, una referencia que refuerza el atractivo del certamen para marcas, patrocinadores y licenciatarios. A esto se suma un negocio de boletería que se proyecta en miles de millones de dólares, impulsado por un mayor número de partidos y sedes, además de un fuerte efecto indirecto sobre turismo, patrocinios, derechos comerciales y venta de merchandising oficial. 

 

En este contexto, el Mundial deja de ser únicamente un evento deportivo para convertirse en una plataforma global de consumo con efectos directos sobre el retail y la industria de la moda deportiva.

 

En ese escenario, la distribución de camisetas entre las selecciones mundialistas refleja con claridad el dominio de los grandes jugadores de la industria. En el primer bloque de equipos clasificados, Adidas lidera el tablero al vestir a ocho selecciones, entre ellas potencias y mercados estratégicos como Argentina, México, Japón, Colombia, Argelia, Sudáfrica, Qatar y Arabia Saudita. 

Nike y Puma le siguen con siete selecciones cada una, concentrando combinados de alta visibilidad y fuerte capacidad de consumo como Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Marruecos y Senegal. 

 

El resto del mapa lo completan marcas de menor escala pero alta especialización, como Marathon en Ecuador, Kelme en Jordania, Majid en Irán, Kappa en Túnez o Tempo en Cabo Verde. En este grupo también aparece Saeta, firma colombiana que vestirá a la Selección de Haití, confirmando que, aunque el dominio de Adidas, Nike y Puma seguirá siendo mayoritario, aún existe espacio para propuestas regionales y de nicho que compiten desde la cercanía cultural, la flexibilidad operativa y una propuesta de valor diferenciada.

 

Dentro de este tablero global, el acuerdo entre la Selección Colombia y Adidas se consolida como uno de los más relevantes y estables de América Latina. La relación, vigente desde 2011 y renovada hasta 2030, ha sido estimada por la industria en más de US$75 millones, una cifra que refleja el valor comercial del combinado nacional más allá de lo deportivo. 

Para Adidas, Colombia representa un mercado estratégico por su alta penetración del fútbol y por la capacidad de convertir la camiseta en un producto de consumo masivo, con ciclos de venta continuos asociados a eliminatorias, torneos internacionales, lanzamientos especiales y colecciones retro. Este patrocinio no solo garantiza presencia en el Mundial 2026, sino que sostiene una plataforma de ingresos recurrentes en retail, apalancada en tiendas físicas, comercio electrónico y canales especializados, donde la disciplina de precios y la disponibilidad por talla se vuelven claves para proteger margen y posicionamiento.

 

De cara al Mundial, el mercado colombiano de ropa deportiva ya entró en una fase de preparación intensiva. El torneo empezó a mover el comercio antes de que ruede el balón, impulsando tanto el consumo interno como las exportaciones. La ampliación del certamen a 48 selecciones y la multiplicación de sedes en Norteamérica ensanchan la ventana comercial para la indumentaria y el merchandising, especialmente hacia Estados Unidos y México, mercados que ya son destinos clave para la industria textil colombiana. 

Las ventas de ropa deportiva en el país superan los US$1.500 millones anuales y mantienen una proyección de crecimiento cercana al 6% hasta 2026, apoyadas en el auge del activewear, el fan wear y tendencias como el blokecore, que trasladan los códigos del fútbol al vestuario cotidiano. A esto se suma un mejor pulso del sistema moda, con un cierre de 2025 dinámico, mayor tráfico en tiendas y consumidores más dispuestos a adquirir prendas técnicas y camisetas durante temporadas de alta emoción deportiva. 

 

En paralelo, el sector exportador muestra señales de recuperación, con crecimiento en categorías como camisetas, tejidos de punto y prendas deportivas de alto desempeño, mientras proveedores locales de telas, tecnología e impresión digital ajustan capacidad para responder a picos de demanda propios de los años mundialistas. 

En conjunto, el Mundial 2026 actúa como un acelerador de consumo, innovación y comercio exterior, confirmando que para la moda deportiva colombiana el verdadero partido ya se está jugando fuera de la cancha.

 

Fuente: Mall & Retail.