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SAN VICTORINO FRENTE AL CELULAR: CóMO TEMU, SHEIN Y AMAZON ESTáN REDEFINIENDO EL COMERCIO POPULAR EN BOGOTá

El comercio de San Victorino en Bogotá está viviendo uno de los cambios más profundos de su historia reciente: la competencia ya no es el local de al lado ni el “madrugón” del fin de semana, sino una vitrina infinita que cabe en el bolsillo. 

La migración del consumidor hacia plataformas digitales está reorganizando la demanda, recortando la compra exploratoria y obligando a que el centro tradicional —que durante décadas fue sinónimo de precio, variedad y volumen— compita ahora con velocidad, comparación inmediata y entrega a domicilio. Ese giro no es marginal: está redefiniendo cómo se mueve el tráfico, cómo se forman los precios y cómo se construye confianza en un territorio donde el contacto directo era parte esencial de la transacción.

 

La señal más visible apareció en diciembre, el mes que históricamente “salva el año” para buena parte del comercio popular. Varios videos virales mostraron pasillos con menor afluencia en zonas de compras del centro, incluyendo el entorno de San Victorino y puntos como El GranSan, y la conversación pública conectó esa menor concurrencia con el ascenso de las compras por internet. 

En esos comentarios se repitieron razones muy concretas: ahorro de tiempo, menor gasto en transporte, posibilidad de comparar precios y descuentos al instante, y un factor determinante en Bogotá: la percepción de seguridad, evitando desplazamientos y exposición a robos en el centro. Lo disruptivo no fue solo la queja, sino la conclusión del consumidor: “la tienda es la que debe adaptarse, no el cliente”. 

 

Detrás de esa percepción hay un mercado que efectivamente crece y se profesionaliza. El comercio electrónico en Colombia cerró 2025 con cifras que lo confirman como uno de los motores de la economía digital: en el acumulado al tercer trimestre se reportan ventas por 105 billones de pesos, con un crecimiento cercano a 11% frente al mismo periodo del año anterior. 

En paralelo, el propio gremio del sector reportó que el valor nominal de ventas en línea del tercer trimestre de 2025 rondó los 37 billones de pesos, con crecimiento interanual. Estos números importan para San Victorino porque convierten lo que antes era una fuga “ocasional” de compradores en un hábito estable: cuando el mercado digital crece con esa escala, los consumidores ajustan su rutina y el canal presencial deja de ser el punto de partida para convertirse, cada vez más, en un canal de confirmación, recogida o soporte.

 

La evidencia de esa preferencia también se ve en el tráfico digital. Para diciembre de 2025, Similarweb ubicó a Mercado Libre como el sitio de comercio electrónico más visitado en Colombia, seguido por Temu y Amazon, con otros actores del comercio organizado también arriba en la lista. 

 

Para un comprador del “madrugón”, esta jerarquía se traduce en una ruta distinta: primero se busca, se compara y se filtra en internet; luego, si se visita el centro, se llega con un objetivo definido. 

De hecho, varios comerciantes describen que hoy el cliente aterriza con el número del local, el producto ya escogido y la compra “a destino” casi resuelta; lo que antes era un recorrido largo de tanteo, negociación y descubrimiento se está volviendo una visita más corta, más informada y con menos compras impulsivas.

 

Esa transformación no se explica solo por precio. La economía de la plataforma combina cuatro palancas que golpean directamente el modelo tradicional de San Victorino: conveniencia (comprar sin desplazarse), comparación inmediata (ver cientos de referencias en minutos), percepción de oportunidad (cupones, descuentos, envíos) y prueba social (comentarios y calificaciones). 

El problema es que esas ventajas ya no se comunican solas: deben estructurarse como propuesta de valor. La respuesta que empieza a verse —y que varios comerciantes reconocen desde la pandemia— es la construcción de catálogos digitales, ventas por redes sociales, atención por mensajería y estrategias de mercadeo para “llevar” tráfico al local con una promesa clara de precio-calidad. En esa línea, voceros del comercio local han insistido en formar a los comerciantes para vender en redes y competir con actualidad de moda, calidad y precio, entendiendo que la vitrina hoy empieza en el teléfono. 

 

La pregunta estratégica para 2026 no es si San Victorino puede “ganarle” a Temu, Shein o Amazon en precio unitario, porque en muchos casos esa comparación será injusta por escalas, subsidios logísticos y cadenas globales. La pregunta es cómo convierte su fortaleza histórica —densidad de oferta, velocidad de reposición, conocimiento del cliente y capacidad de surtir volumen— en un modelo mixto. 

Eso implica, como mínimo, estandarizar inventario para publicación diaria, mejorar fotografía y ficha de producto, transparentar políticas de cambio, crear despachos confiables (propios o aliados), y diseñar una experiencia en el punto físico que sea eficiente: menos fricción, más claridad de precios, y una visita más segura y ordenada. 

 

Para Leopoldo Vargas Brand CEO de Mall & Retail “ El “madrugón” no desaparece; se transformará: de evento masivo basado en tráfico espontáneo, a evento apoyado por convocatoria digital, preventa, reserva y recogida. Si San Victorino logra esa transición, su futuro no depende de volver al pasado, sino de convertir su músculo comercial en una operación moderna, donde el centro y el celular trabajen en el mismo sentido, no en competencia”.

 

Fuente: Mall & Retail

 

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