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EL BOOM DE LAS MOTOS IMPULSA UNA NUEVA CATEGORíA QUE GANA ESPACIO EN LOS CENTROS COMERCIALES

El auge del mercado de motocicletas en Colombia está comenzando a redefinir no solo la movilidad del país, sino también la forma en que esta categoría se integra al ecosistema del retail. En un contexto de crecimiento sostenido y expansión territorial hacia ciudades intermedias, las empresas de motos están encontrando en los centros comerciales un canal estratégico para capturar demanda, mientras que estos activos identifican en la categoría una oportunidad concreta para dinamizar áreas vacantes y diversificar su mezcla comercial.

El punto de partida de esta transformación está en la evolución del mercado. Colombia cerró 2025 con 1,1 millones de motocicletas matriculadas y arrancó 2026 con 95.617 registros en enero, lo que representó un crecimiento anual de 30,21%. Este comportamiento no solo confirma la fortaleza del sector, sino que evidencia un cambio estructural en su geografía. Mientras Bogotá registra 514.033 motocicletas, municipios como Sabaneta y Envigado alcanzan 498.488 y 487.773 unidades respectivamente, sumando entre ambos casi el doble del parque de la capital. 

 

Esta redistribución territorial muestra que el crecimiento ya no está concentrado en las grandes ciudades, sino que encuentra su mayor impulso en mercados intermedios.

 

Esta misma tendencia se refleja a nivel departamental, donde Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca concentran cerca del 46% de los registros. 

En estos territorios, la motocicleta se ha consolidado como un activo clave de movilidad y productividad, especialmente en contextos donde el transporte público es limitado o donde los costos de desplazamiento afectan directamente la generación de ingresos. En este sentido, la moto deja de ser un bien aspiracional para convertirse en una herramienta económica.

 

Las preferencias del consumidor refuerzan esta lectura. El 48,81% de la demanda se concentra en motocicletas entre 101 y 125 cc, seguido por el segmento de 151 a 200 cc con una participación del 26,18%. Se trata de productos de entrada y uso intensivo, lo que implica una alta rotación del mercado y, más importante aún, un consumo recurrente asociado a mantenimiento, accesorios, seguridad y personalización. Este elemento es fundamental para entender por qué la categoría comienza a tener sentido dentro de los centros comerciales.

Desde la óptica de las marcas, el centro comercial no funciona como un concesionario tradicional, sino como un espacio de exhibición, captación y cierre comercial. AKT Motos es uno de los ejemplos más claros en el país, con presencia en formatos dentro de centros comerciales donde prioriza la experiencia del cliente, la asesoría y la financiación, dejando la operación técnica en otros puntos. Este modelo permite a las marcas acercarse a un consumidor que ya está en lógica de compra, mejorar su posicionamiento y facilitar la conversión en el mismo punto.

 

En paralelo, el desarrollo de formatos especializados como Moto Plaza demuestra que el valor de la categoría va mucho más allá de la venta de la motocicleta. La existencia de un clúster de accesorios, repuestos, equipamiento y servicios complementarios convierte a la moto en un generador de tráfico recurrente. Un usuario no visita este tipo de espacios una sola vez, sino de manera periódica, lo que incrementa la permanencia y el gasto cruzado dentro del entorno comercial.

Para los centros comerciales, esta dinámica abre una oportunidad relevante frente a la vacancia. A diferencia de categorías tradicionales que presentan saturación, la motocicleta introduce una oferta diferenciada, con capacidad de atraer tráfico de destino y generar consumo adicional. En mercados intermedios, donde el crecimiento del parque motociclista es más acelerado, esta categoría puede convertirse en un ancla funcional, especialmente cuando se combina con servicios financieros, venta de accesorios y experiencias de marca.

A nivel internacional, los casos más exitosos muestran que la clave está en el formato. Royal Enfield ha desarrollado tiendas en centros comerciales donde la motocicleta se integra con indumentaria y comunidad, posicionándose como un producto de estilo de vida. Por su parte, Vespa ha consolidado su presencia en malls con espacios altamente visuales, orientados a la experiencia y al diseño. 

 

Complementariamente, retailers como Motoworld han logrado posicionarse dentro de centros comerciales con una propuesta centrada en accesorios, demostrando que el negocio no depende exclusivamente de la venta del vehículo.

 

En este escenario, la oportunidad es clara pero exige una ejecución estratégica. Los centros comerciales deben seleccionar ubicaciones adecuadas, con fácil acceso y buena visibilidad, mientras que las marcas deben diseñar formatos ligeros, enfocados en experiencia, exhibición y cierre comercial. En ciudades intermedias, donde la motocicleta es un componente central de la economía local, esta combinación puede convertirse en un motor de tráfico y ocupación.

En síntesis, el auge de las motocicletas en Colombia no solo está transformando la movilidad, sino también abriendo una nueva categoría dentro del retail. La evidencia muestra que, cuando se estructura correctamente, la integración entre motos y centros comerciales puede generar valor tanto para las marcas como para los activos inmobiliarios, especialmente en un contexto donde el crecimiento del consumo se está desplazando hacia nuevas geografías.

 

Fuente; Mall & Retail.