Apoyamos a los Centros Comerciales y Empresas de Retail a llegar al siguiente nivel: Gobierno Corporativo. Miembro Independiente en Juntas Directivas: Estrategia, Optimización y Sostenibilidad. . CEO Mall & Retail

La elección del próximo presidente de Colombia debe leerse como una decisión de gobierno corporativo: propietarios, junta, sucesión, transparencia y confianza.
Colombia puede entenderse, por estos días, como una gran compañía. Una organización compleja, con millones de propietarios, activos estratégicos, una marca construida durante más de dos siglos, enormes desafíos operacionales y una decisión crítica en la agenda: elegir al nuevo presidente de la compañía y a su vicepresidente.
En el lenguaje empresarial, esta no sería una elección cualquiera. Sería el proceso de sucesión más importante de la organización. Cada cuatro años, cerca de 20 millones de propietarios asisten a una gran asamblea nacional para decidir quién debe asumir la administración de la empresa llamada Colombia. No se trata de un trámite emocional ni de una votación por simpatías. Se trata de escoger a quien tendrá bajo su responsabilidad la seguridad, la estabilidad institucional, la confianza inversionista, la generación de empleo, el respeto por la propiedad privada, la sostenibilidad fiscal y la capacidad de proyectar la compañía hacia el futuro.
Desde las buenas prácticas de gobierno corporativo, toda elección presidencial debería analizarse como lo haría una asamblea seria de accionistas. Los dueños no deberían elegir únicamente al candidato que mejor hable, al que más prometa o al que más emociones despierte. Deberían evaluar hoja de vida, independencia, experiencia, equipo, criterio, capacidad de ejecución, manejo de crisis, respeto por las reglas de juego y, sobre todo, alineación con los valores fundacionales de la organización.
En una empresa bien gobernada, el presidente saliente no puede convertir el proceso de sucesión en una imposición personal. Puede tener opinión, puede recomendar, puede defender una línea de continuidad, pero no debe usar el poder de la administración para meterle por los ojos a los propietarios a su candidato preferido. Cuando eso ocurre, el proceso pierde transparencia y la asamblea empieza a sospechar que no está frente a una elección abierta, sino frente a una sucesión dirigida desde la presidencia.
Ese es uno de los puntos más sensibles del momento actual de Colombia S.A. Uno de los candidatos aparece como el recomendado del presidente actual, un dirigente que llegó al cargo después de una trayectoria sindical (por no decir guerrillera)y que durante los últimos cuatro años ha intentado transformar la cultura corporativa de la compañía. Su pupilo, sin embargo, enfrenta una debilidad evidente desde la óptica del gobierno corporativo: no se ha expuesto suficientemente ante los propietarios. Ha permanecido escondido, ha tenido pocas apariciones públicas y, cuando habla, parece hacerlo bajo un libreto cuidadosamente preparado.
En una compañía seria, ningún aspirante a la presidencia puede pretender llegar al máximo cargo sin someterse al escrutinio de los accionistas. Los propietarios tienen derecho a preguntar, contrastar, exigir explicaciones y evaluar el carácter del candidato en escenarios de presión. Un ejecutivo que aspira a dirigir Colombia S.A. no puede limitarse a intervenciones controladas. Tiene que dar la cara. Tiene que explicar su visión. Tiene que responder por sus relaciones, por sus silencios, por sus alianzas y por las dudas que despierta su cercanía con antiguos colaboradores señalados de haber defraudado la confianza de la empresa.
La confianza es el activo más importante en cualquier organización. Cuando se pierde, no se recupera con discursos. Se recupera con transparencia, coherencia y rendición de cuentas. Por eso, desde una mirada de gobierno corporativo, el primer candidato tiene una carga reputacional que no puede ignorarse. Si quiere convencer a los propietarios, debe salir de la zona de protección, hablar sin intermediarios y demostrar que no representa una continuidad automática del actual presidente, sino una opción capaz de gobernar con independencia, responsabilidad y respeto institucional.
La segunda candidata representa otro tipo de perfil. Es una mujer joven, preparada, combativa, con experiencia en diferentes áreas de la compañía y con respaldo de ejecutivos que han trabajado dentro de Colombia S.A. Su principal fortaleza está en el conocimiento interno de la organización, en la capacidad de confrontar y en el respaldo de sectores que ven en ella una opción de administración más firme frente al deterioro institucional. Además, ha sido promovida por uno de los propietarios con mayor participación accionaria, una figura que ha incidido en el manejo de la empresa durante los últimos 20 años.

Desde la teoría de gobierno corporativo, este respaldo puede ser al mismo tiempo una fortaleza y un riesgo. Es una fortaleza porque muestra capacidad de articular apoyos, atraer sectores relevantes y representar una opción con músculo político. Pero también exige claridad sobre su independencia. Una buena presidenta no puede llegar a administrar la compañía como delegada de un gran accionista, sino como representante de todos los propietarios, incluidos los minoritarios, los críticos y quienes no participaron de su promoción inicial.
En las buenas prácticas empresariales, el respaldo de un accionista relevante no reemplaza la necesidad de criterio propio. La pregunta de fondo no es solo quién la apoya, sino si tiene la capacidad de tomar decisiones autónomas, formar un equipo técnico, respetar los contrapesos y gobernar para toda la compañía. Colombia S.A. no necesita una administración de facciones. Necesita una dirección que entienda que la empresa es de todos sus propietarios y no de un grupo particular de poder.
El tercer candidato, un joven abogado conocido con un sobrenombre Felino, aparece como una figura nueva dentro del proceso. Por primera vez aspira a participar en la elección y ha construido su posicionamiento alrededor de la defensa de los valores históricos de la empresa llamada Colombia. Su discurso se apoya en principios que para muchos propietarios siguen siendo esenciales: democracia, libertad, seguridad, empresa privada, respeto por la institucionalidad y defensa del orden.
En términos de gobierno corporativo, su principal activo es la claridad de principios. En momentos de incertidumbre, los propietarios suelen valorar a quienes hablan con firmeza sobre la cultura de la organización. Toda compañía necesita recordar para qué existe, cuáles son sus valores y qué no está dispuesta a negociar. Sin embargo, el reto de un candidato nuevo consiste en demostrar que la defensa de los principios también viene acompañada de capacidad de gestión, equipo, viabilidad y ejecución. La convicción inspira, pero la administración exige resultados.

La elección del vicepresidente también debe ser observada con el mismo rigor. En muchas organizaciones, el segundo al mando no recibe la atención suficiente de los accionistas, pero puede convertirse en una pieza decisiva para la estabilidad de la compañía. Un vicepresidente no debe ser simplemente una fórmula decorativa. Debe ser complemento estratégico, garantía de gobernabilidad, soporte técnico y eventual reemplazo institucional si la organización enfrenta una crisis. Elegir presidente sin mirar al vicepresidente sería, en términos empresariales, aprobar una sucesión incompleta.
En el caso del candidato Felino, su fórmula vicepresidencial agrega un elemento relevante desde la perspectiva del gobierno corporativo. Es un connotado académico, con amplia experiencia en la cosa pública, trayectoria como rector de varias universidades y una formación muy superior a la que exhiben las fórmulas vicepresidenciales de los otros candidatos. En una compañía del tamaño de Colombia S.A., esta no es una consideración menor.
El vicepresidente no puede ser una figura decorativa ni un simple acompañante electoral; debe ser un soporte técnico, institucional y estratégico para la administración. En ese sentido, la fórmula del candidato Felino proyecta una mayor capacidad de criterio, preparación y conocimiento del Estado, lo que fortalece su propuesta frente a una asamblea de propietarios que no solo debe evaluar al presidente, sino también la calidad del equipo que podría asumir la dirección de la compañía en los próximos cuatro años.
Colombia S.A. llega a esta asamblea con señales de alerta. La confianza de los propietarios está deteriorada. La cultura corporativa se ha polarizado. Muchos sienten que la empresa ha perdido rumbo. Otros creen que se está jugando el modelo mismo de administración. En este contexto, votar no puede ser un acto de rabia, costumbre o resignación. Debe ser una decisión informada, racional y responsable.
Una asamblea de propietarios madura no premia al candidato que mejor manipula las emociones, sino al que mejor protege el patrimonio común. Y el patrimonio de Colombia S.A. no está solo en sus recursos naturales, sus empresas, sus ciudades, sus instituciones o su posición geográfica. Está también en la confianza, en la libertad de emprender, en la posibilidad de generar empleo, en el respeto por la ley y en la convicción de que el esfuerzo individual y empresarial tiene valor.
El peor error de una asamblea es elegir a quien destruye valor creyendo que está castigando a los administradores anteriores. En el mundo empresarial, una mala elección de presidente puede afectar la acción, espantar inversionistas, deteriorar el clima laboral, paralizar proyectos y destruir años de construcción institucional. En un país, el costo es mucho mayor: se mide en empleo, seguridad, salud, inversión, pobreza, migración y esperanza.
Por eso, la próxima elección debe asumirse como lo que realmente es: una decisión de gobierno corporativo sobre el futuro de la compañía llamada Colombia. Los propietarios tienen el deber de mirar más allá de los discursos y preguntarse quién protege mejor los activos de la organización, quién respeta sus reglas, quién genera confianza, quién entiende el papel de la empresa privada y quién puede administrar sin intimidar, dividir o destruir.
Colombia S.A. no necesita un presidente que se crea dueño de la compañía. Necesita un administrador responsable, consciente de que los verdaderos dueños son los ciudadanos. Y esos dueños, este domingo, tendrán en sus manos la decisión más importante de cualquier asamblea: elegir bien antes de que el costo de equivocarse sea demasiado alto.
Fuente: Mall & Retail.