En un entorno dominado por teléfonos inteligentes, plataformas de streaming y contenidos de consumo inmediato, el libro mantiene una fortaleza que las cifras colombianas confirman. En 2025, las ventas netas del sector editorial alcanzaron $1,064 billones, 7,5% más que un año atrás, mientras se comercializaron 39,4 millones de ejemplares, frente a 37,9 millones en 2024, un crecimiento cercano al 4%. El mercado nacional representó el 91,4% de las ventas y durante el año se editaron 19.024 títulos, 16,2% más. Son indicadores que muestran una categoría que continúa movilizando consumo y renovando su oferta.

La forma como esos libros llegan al consumidor también resulta reveladora. Las librerías independientes y de cadena, sumadas a los puntos de venta de las editoriales, concentraron el 39,7% de las ventas en 2025, manteniéndose como el principal canal de comercialización. Les siguieron las distribuidoras, con 10,8%, y las ventas institucionales privadas de textos educativos y planes lectores, con 10,2%. En ficción y no ficción, categorías particularmente asociadas con la compra voluntaria del consumidor, la participación de librerías y puntos editoriales llegó al 64,5%. La estadística disponible no permite separar cuánto corresponde exclusivamente a establecimientos en centros comerciales, pie de calle o comercio electrónico, pero confirma la vigencia de la librería física dentro del negocio editorial.
La Feria Internacional del Libro de Bogotá permite observar esa relación entre lectura, compra y experiencia desde otra dimensión.
La FILBo 2025 recibió más de 570.000 visitantes durante 17 días, alrededor de 33.500 diarios, y desarrolló cerca de 2.300 actividades culturales. Más que comparar directamente una feria temporal con el tráfico anual de un centro comercial, la cifra evidencia la capacidad del libro para movilizar grandes audiencias cuando alrededor de él se construyen experiencias, descubrimiento, conversación, encuentros con autores y programación cultural. El libro deja entonces de comportarse exclusivamente como producto y se convierte también en motivo de visita y permanencia.
De acuerdo al Mapa Nacional del Retail realizado por Mall & Retail, Panamericana Librería y Papelería aparece como el operador de mayor escala. En 2025 registró ingresos operacionales por $730.371 millones, 5,9% superiores a los $689.621 millones de 2024, y actualmente reporta 38 puntos de venta a nivel nacional, además de su tienda virtual. Su dimensión debe interpretarse considerando que el negocio incluye libros, papelería, tecnología, arte, juguetes, hogar y otras categorías. Su red combina establecimientos de pie de calle con ubicaciones en centros comerciales, donde está presente en complejos como Centro Mayor, Plaza de las Américas, Hayuelos y Viva Barranquilla, entre otros. El modelo demuestra cómo el libro puede convivir con categorías complementarias y convertirse en parte de un establecimiento de gran formato.
Librería Nacional representa el segundo gran referente y un concepto mucho más concentrado en el libro. En 2025 registró ingresos por $91.738 millones, con crecimiento de 4,7% frente a los $87.607 millones de 2024. La compañía informa 31 agencias a nivel nacional y librerías en seis ciudades —Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena y Pereira—, buena parte de ellas ubicadas en centros comerciales. Además, maneja más de 60.000 referencias y trabaja con alrededor de 250 proveedores y editoriales. Su presencia en complejos como Unicentro Bogotá evidencia que la librería especializada puede compartir el tenant mix con moda, gastronomía, entretenimiento y servicios sin abandonar su identidad editorial.
Entre los jugadores que comienzan a ganar visibilidad aparece Tiendas La Gran Manzana, un caso especialmente interesante en Bogotá porque conecta los dos mundos del negocio físico.
El mapa de librerías de la Cámara Colombiana del Libro registra tres establecimientos de la marca: Calle 72, Avenida 19 con Calle 137 en Cedritos y Centro Comercial Santafé. Su llegada a uno de los mayores centros comerciales de la capital muestra una ruta diferente a la de las grandes cadenas: una librería desarrollada inicialmente desde el comercio urbano que encuentra en el mall una plataforma adicional para ampliar su mercado.
Fuera de los centros comerciales existe un ecosistema mucho más atomizado. El panorama elaborado por la Cámara Colombiana del Libro identificó 205 librerías y 444 puntos de venta distribuidos en 54 municipios y 26 departamentos, incluyendo cadenas, independientes y especializadas. Allí sobresalen conceptos que construyen su atractivo alrededor de la curaduría, la especialización y la comunidad. Librería Lerner mantiene establecimientos en Bogotá y Medellín, mientras Tornamesa combina su tradicional propuesta cultural de pie de calle con presencia en el Centro Comercial Avenida Chile. Más que competir únicamente por escala, estas librerías convierten el catálogo, la recomendación y la experiencia alrededor del libro en factores de diferenciación.
La frontera entre librería de calle y librería de centro comercial, por tanto, comienza a ser menos rígida. La Gran Manzana y Tornamesa muestran cómo conceptos nacidos o posicionados fuera de los grandes complejos pueden encontrar oportunidades dentro de ellos, mientras Panamericana opera simultáneamente en ambos escenarios. A ello se suma el comercio electrónico, que amplía cobertura y disponibilidad pero no reemplaza completamente una característica propia de la librería física: la posibilidad de recorrer, hojear, descubrir y permanecer.
Para los centros comerciales, allí aparece una oportunidad dentro del tenant mix. Una librería permite hojear sin comprar inmediatamente, descubrir novedades, acompañar a los niños, buscar un regalo, asistir a un lanzamiento o simplemente permanecer en un espacio asociado con conocimiento y ocio. Esa dinámica tiene afinidad natural con cafés, restaurantes, cines, zonas infantiles y espacios culturales y puede contribuir a extender el recorrido del visitante dentro del complejo.

La experiencia de la FILBo deja una señal adicional para la industria: alrededor del libro existe una audiencia dispuesta a desplazarse y dedicar tiempo cuando encuentra contenido y experiencia. Trasladada a una escala comercial, una librería puede evolucionar desde el tradicional establecimiento de estanterías hacia espacios con clubes de lectura, presentaciones, firmas de autores, zonas infantiles, café, lanzamientos y actividades durante todo el año. Para el centro comercial significa incorporar programación; para la librería, aumentar ocasiones de contacto con el lector; y para las demás marcas, beneficiarse de visitantes que extienden su permanencia.
La fortaleza de las librerías dentro del centro comercial puede estar, por tanto, más allá de los metros cuadrados que ocupan o de su venta directa. En una industria que busca aumentar frecuencia de visita y tiempo de permanencia, el libro aporta una característica difícil de replicar digitalmente: invita a detenerse. Convertir esa capacidad en experiencias recurrentes puede hacer de las librerías un componente estratégico del tenant mix y, al mismo tiempo, abrir nuevos espacios para acercar más colombianos a la lectura.
Fuente: Mall & Retail