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KFC Y KOKORIKO: DOS CAMINOS PARA GANAR LA BATALLA DEL POLLO EN COLOMBIA

La categoría de restaurantes de pollo en Colombia vive uno de sus momentos más competidos de los últimos años. El consumidor busca conveniencia, precio, experiencia, sabor, cercanía y marcas capaces de estar presentes en distintos momentos de consumo. En ese escenario, KFC y Kokoriko representan dos estrategias muy distintas: una multinacional que acelera su expansión para conquistar el liderazgo del pollo frito, y una marca colombiana tradicional que entra en una nueva etapa empresarial con el reto de recuperar protagonismo.

De acuerdo con el Mapa Nacional del Retail 2026, en la categoría Restaurantes, KFC registró ingresos por $696.270 millones, con un crecimiento del 13,4 % y utilidades por $23.260 millones. La cifra confirma el buen momento de una marca que viene ganando participación, fortaleciendo su red de restaurantes y consolidando una propuesta altamente competitiva en precio, experiencia y recordación.

 

KFC Colombia avanza con una estrategia clara: crecer en número de locales para alcanzar el liderazgo total de la categoría. Jaime Gómez, CEO de la cadena, ha señalado que la compañía inició el año con cerca de 170 restaurantes y espera abrir 10 nuevos puntos, con la meta de cerrar 2026 con aproximadamente 180 locales. Su ambición es liderar la categoría de pollo frito en un horizonte de cuatro a cinco años.

El tamaño de la operación también muestra la escala que ha alcanzado la marca. KFC moviliza cerca de un millón de pollos al mes, abastecidos por cinco avícolas nacionales certificadas. Este punto es estratégico, porque combina una marca global con una cadena de suministro local, lo que le permite adaptarse al mercado colombiano, fortalecer su eficiencia operativa y mantener una narrativa de producto nacional dentro de una propuesta internacional.

 

La expansión de KFC no se concentra únicamente en las grandes capitales. La compañía está presente en más de 35 municipios, incluyendo ciudades como Sogamoso, Duitama, Tuluá, Palmira, Sincelejo, Montería, Valledupar y El Rodadero. Esta lectura resulta clave: las ciudades intermedias se han convertido en un motor de crecimiento para las grandes cadenas de comida rápida, porque reciben con fuerza marcas reconocidas, valoran la experiencia formal y generan ventas interesantes frente al tamaño de sus mercados.

 

La estrategia competitiva de KFC se apoya en cuatro pilares: expansión, accesibilidad, experiencia y tecnología. La marca entiende que su principal competidor no siempre es otra cadena formal, sino la informalidad, que representa una parte muy significativa del mercado de comidas rápidas. Para competir, KFC ofrece precios accesibles, locales modernos, hospitalidad, innovación de producto y una experiencia que justifique pagar un poco más frente a la oferta informal.

Kokoriko, por su parte, vive un momento distinto. La llegada de un grupo de inversionistas antioqueños que compraron la marca, fija  una nueva etapa para una de las marcas más recordadas del país. Los nuevos inversionistas asumen una compañía con una enorme memoria de marca, cerca de 80 locales, presencia en más de 20 ciudades y ventas superiores a 1,3 millones de pollos al año. Pero también reciben una marca que necesita actualizar su propuesta, reconectar con las nuevas generaciones y recuperar relevancia en una categoría que cambió de velocidad.

 

De acuerdo con el Mapa Nacional del Retail 2026, Kokoriko, a través de las compañías Compañía Comercial e Industrial La Sabana Avesco S.A.S. y Karmen Foods, registró ingresos por $210.294 millones en 2025, con un crecimiento del 3,06 % y utilidades por $2.020 millones. Aunque la marca conserva una posición relevante en el mercado, la diferencia frente a KFC muestra la distancia que hoy existe entre una compañía en plena aceleración y otra que necesita reinventarse para volver a crecer con fuerza. 

El reto de los nuevos inversionistas de Kokoriko es estratégico, comercial y emocional. No compran solamente una cadena de restaurantes; reciben una marca histórica, una red instalada y una posición relevante en el mercado nacional. Pero el desafío es volver a hacer brillar a Kokoriko desde una propuesta renovada, no únicamente desde la nostalgia.

 

Durante años, Kokoriko fue sinónimo de pollo en Colombia. Sin embargo, el consumidor cambió. Las nuevas generaciones buscan marcas más dinámicas, productos innovadores, mejores experiencias digitales, precios competitivos y propuestas que conecten con estilos de vida más actuales. Algunas lecturas de mercado señalan que el producto se percibe envejecido, que la juventud no ve a Kokoriko como una alternativa frecuente en sus consumos diarios, que el precio se siente alto frente a otras opciones y que la innovación no ha sido suficiente para defender participación.

 

Ahí está la gran oportunidad. Kokoriko conserva algo que muchas marcas quisieran tener: reconocimiento, historia, cobertura y una base emocional construida durante décadas. Pero esa fortaleza debe transformarse en una nueva propuesta de valor. Los nuevos inversionistas tienen ahora la posibilidad de modernizar la experiencia en restaurantes, revisar la arquitectura de precios, fortalecer domicilios, innovar en menú, crear ofertas para nuevos consumidores y reposicionar la marca como una alternativa vigente, cercana y competitiva.

La comparación con KFC deja una lección clara. KFC compite desde la velocidad, la escala, la estandarización y la expansión territorial. Kokoriko debe competir desde la recuperación de su identidad, la actualización de su experiencia y la reconexión con el consumidor colombiano. KFC tiene una marca global que adapta al mercado local. Kokoriko tiene una marca local que necesita volver a ser contemporánea.

 

En términos financieros, la diferencia también es evidente. KFC crece a doble dígito, supera ampliamente a Kokoriko en ingresos y muestra una utilidad robusta. Kokoriko crece, pero a un ritmo mucho más moderado y con una rentabilidad que exige mayor eficiencia. Por eso, el nuevo ciclo de la marca debe enfocarse no solo en vender más, sino en vender mejor: mejorar productividad por local, optimizar costos, revisar formatos, fortalecer canales digitales y recuperar tráfico.

La batalla no está definida. Colombia sigue siendo un país de “pollo lovers”. El pollo es una proteína central en la dieta de los hogares, tiene alta frecuencia de consumo y permite competir en múltiples formatos: asado, apanado, frito, combos familiares, domicilios, almuerzos, snacks y comidas rápidas. En ese mercado, hay espacio para varios jugadores, pero no para marcas quietas.

 

KFC quiere liderar la categoría desde la expansión. Kokoriko busca recuperar protagonismo desde la renovación. Una acelera para consolidar su lugar entre las grandes cadenas del país. La otra inicia una etapa decisiva para demostrar que una marca tradicional puede volver a ser relevante cuando combina memoria, innovación y una lectura más precisa del nuevo consumidor.

 

Para Leopoldo Vargas Brand CEO de Mall & Retail, “El mercado del pollo en Colombia ya no se gana únicamente con sabor o tradición. Se gana con escala, experiencia, precio, tecnología, eficiencia e innovación permanente. KFC entendió esa ecuación y avanza con decisión. Kokoriko tiene ahora nuevos inversionistas, una marca poderosa y una oportunidad irrepetible: volver a ocupar el lugar que alguna vez tuvo en el corazón y en la mesa de los colombianos.”

 

Fuente: Mall & Retail