En la industria del retail colombiano hay empresarios que construyen marcas, otros que administran tiendas y algunos que logran algo más complejo: convertir conceptos comerciales en plataformas sostenibles, escalables y capaces de competir en distintos mercados.

En ese último grupo aparece Alan Bursztyn, uno de los nombres más relevantes del retail de moda, joyería, relojería y lujo accesible en Colombia, quien se ha consolidado como uno de los principales Professional Franchise Operators del país y de América Latina.
El concepto, explicado por el propio Bursztyn en el pódcast Fashion eCommerce, resume una nueva forma de entender la operación de marcas internacionales y locales. No se trata simplemente de comprar una franquicia, abrir una tienda y esperar que el reconocimiento de la marca haga el resto. Ser un Professional Franchise Operator implica asumir la operación como una profesión: entender el ADN de cada marca, manejar sus canales, leer el mercado local, interpretar al consumidor, ajustar surtidos, controlar indicadores y ejecutar una estrategia integral que combine retail físico, wholesale y comercio electrónico.
Esa visión ha sido construida durante más de dos décadas. Desde sus primeras experiencias con marcas como Bulgari, pasando por Swatch, Tous, Invicta, Carolina Herrera, Coach, Purificación García, Swarovski, Scalpers, El Ganso, Lacoste y otras firmas internacionales, Bursztyn ha desarrollado una capacidad poco común en el mercado colombiano: operar marcas globales con disciplina internacional, pero con lectura local. Esa combinación es la que le ha permitido convertir franquicias en negocios relevantes dentro de Colombia y, en algunos casos, en operaciones más potentes que en sus propios mercados de origen.
Las cifras del Mapa Nacional del Retail realizado por Mall & Retail confirman la dimensión de este ecosistema empresarial. En 2025, tres compañías donde Alan Bursztyn tiene influencia alcanzaron ingresos totales por $286.187 millones, con un crecimiento conjunto del 17,0% frente a 2024. Kronotime registró ingresos por $160.270 millones, con un aumento del 20,2%; Auscol alcanzó $90.290 millones, creciendo 17,1%; y Sterling reportó $35.627 millones, con una variación positiva del 4,6%. Estos resultados muestran que no se trata de una operación marginal, sino de una plataforma empresarial de escala relevante dentro del retail especializado colombiano.
Kronotime se ha consolidado como una de las principales plataformas de relojería, joyería, accesorios y marcas premium del país, con una operación que integra tiendas físicas, distribución, wholesale y comercio electrónico. Auscol ha servido como vehículo para desarrollar marcas internacionales en el mercado colombiano, mientras Sterling representa la raíz joyera del grupo, con una historia empresarial que se remonta a 1967 y que ha sido fundamental en la formación de una cultura de servicio, detalle, lujo accesible y conocimiento del consumidor.
El caso Invicta es probablemente uno de los mejores ejemplos de lo que significa operar profesionalmente una marca. Según lo relatado por Bursztyn en el pódcast, cuando asumió la operación, la marca vendía cerca de 500 relojes al año. Hoy, la cifra se acerca a 150.000 unidades anuales y cuenta con una red de tiendas propias que incluso supera la presencia de la marca en Estados Unidos. Ese salto no se explica solamente por el producto. Se explica por la operación, por la ejecución comercial, por la lectura del consumidor y por la capacidad de construir relevancia donde antes había apenas una marca importada.
La gran virtud de Bursztyn ha sido entender que cada marca es un mundo. Operar varias franquicias significa ponerse un sombrero diferente cada día. No es lo mismo vender relojes que joyería, moda masculina, calzado, lujo accesible o diseño latinoamericano. Cada marca tiene un lenguaje, un consumidor, un precio, una ocasión de uso y una expectativa distinta. Por eso, el operador profesional debe saber qué se puede hacer y qué no se puede hacer con una marca. Debe proteger su ADN, pero también tener la autoridad para decirle a la casa matriz que, si quiere ser exitosa en Colombia, Perú, Chile o Centroamérica, tiene que adaptarse.
Ahí aparece una de las palabras centrales de su visión: tropicalización. Para Bursztyn, tropicalizar no significa deformar una marca, sino hacer lo necesario para que funcione en el mercado donde opera. América Latina no es un bloque homogéneo. Colombia no compra igual que Perú, Chile no se comporta como Guatemala, y dentro de Colombia tampoco se consume igual en Bogotá, Medellín, Barranquilla o Bucaramanga. Cambian los tallajes, los gustos, la sensibilidad al precio, los canales de venta, la relación con el descuento y la importancia del centro comercial frente a la calle.

Esa capacidad de adaptación ha sido clave para construir su liderazgo. Un Professional Franchise Operator no es solamente quien firma contratos con marcas internacionales; es quien logra que esas marcas vendan, crezcan, construyan comunidad y se vuelvan relevantes para un consumidor que no necesariamente las conocía. En ese proceso se requieren cualidades que no siempre aparecen juntas: conocimiento de retail, lectura financiera, disciplina operativa, sensibilidad de marca, capacidad de negociación, visión omnicanal, formación de equipos y, sobre todo, persistencia.
El propio Bursztyn resume parte de esa filosofía en una idea poderosa: los negocios funcionan cuando se encuentra “la comba al palo”. Es decir, cuando el operador insiste, ajusta, aprende, cambia y vuelve a intentar hasta encontrar la fórmula correcta. Esa mentalidad explica por qué algunas marcas internacionales han logrado en Colombia una relevancia superior a la que tienen en otros mercados. No basta con tener una marca reconocida; se necesita un operador que la entienda y la vuelva pertinente.
Sin embargo, el proyecto que hoy parece concentrar la mayor carga simbólica de su carrera es Malva. Nacida como una plataforma multimarca, Malva pasó de ser un concepto local a convertirse en una de las apuestas más ambiciosas para proyectar la moda latinoamericana al mundo. Su evolución no fue lineal. En sus inicios buscó reunir marcas colombianas, luego incorporó diseñadores latinoamericanos y, durante una etapa, utilizó marcas internacionales como vehículo para elevar la percepción de las marcas locales. Poner una firma colombiana al lado de una marca global no era un simple ejercicio de exhibición: era una forma de subir la vara, obligar al diseño local a competir mejor y demostrar que el talento latinoamericano podía conversar con las grandes referencias de la moda internacional.
Malva encontró así una propuesta diferencial. No es un multimarca tradicional. Es una curaduría de diseño, una plataforma comercial y una narrativa cultural. Su fortaleza está en reunir marcas con identidad, mezclarlas con experiencia de tienda, acompañarlas en procesos de ejecución y convertirlas en una oferta aspiracional para un consumidor que busca algo distinto a la moda rápida, pero que tampoco necesariamente quiere entrar al lujo inaccesible.

La próxima apertura de Malva en Madrid representa el salto más importante de esa visión. En octubre, la marca abrirá su primera tienda europea en el número 12 de la calle Serrano, una de las vitrinas más importantes de la moda en España. Serán 1.200 m2 dedicados al talento latinoamericano, con cerca de 120 marcas, entre ellas la mexicana Sandra Weil, la argentina Jazmín Chebar, los colombianos Jorge Duque y Pepa Pombo, y la peruana Escvdo.
El reto será enorme. España es la casa de algunos de los operadores de moda más sofisticados del mundo y un mercado donde el consumidor está acostumbrado a diseño, calidad, precio, experiencia y omnicanalidad. Malva no llega a competir por volumen ni por precio. Llega a defender una diferencia: el talento latinoamericano como valor comercial. Madrid será su laboratorio para medir aceptación, ajustar surtido, fortalecer logística, entender tallajes, precios, temporadas, canales digitales y comportamiento del consumidor europeo.
Si esa operación funciona, el plan es abrir otras cinco tiendas en Europa durante los próximos seis años, con ciudades como París, Londres, Milán y Ámsterdam en el radar. La ambición es clara: convertir a Malva en la embajada de la moda latinoamericana en el mundo.
En el fondo, la historia de Alan Bursztyn es también la historia de una industria que está madurando. Colombia ya no solo importa marcas, conceptos y tendencias. También empieza a exportar operación, curaduría, diseño y talento. Y en ese proceso, la figura del Professional Franchise Operator adquiere un nuevo valor: ser el puente entre la marca y el mercado, entre la casa matriz y el consumidor, entre el diseño y la venta, entre Latinoamérica y el mundo.
Para Leopoldo Vargas Brand CEO de Mall & Retail “Alan Bursztyn ha construido su posición no desde el discurso, sino desde la ejecución. Ha demostrado que una marca puede ser mucho más grande cuando encuentra al operador correcto. Y ahora, con Malva, busca demostrar algo todavía más ambicioso: que la moda latinoamericana no necesita pedir permiso para entrar al primer mundo de la moda. Solo necesita una plataforma capaz de abrirle la puerta”.
Fuente: Mall & Retail.