Queremos comenzar este articulo reiterando nuestra solidaridad con las familias afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, pero también con los clientes, colaboradores, comerciantes, proveedores, administraciones, gerentes y juntas directivas de los centros comerciales de Chocó, Risaralda, Quindío, Caldas y Valle del Cauca que vivieron directamente una de las emergencias más difíciles de los últimos años.

Frente a una tragedia de esta naturaleza, los daños materiales, por cuantiosos que sean, pasan necesariamente a un segundo plano. Lo verdaderamente importante es la vida, y por ello reconocemos especialmente la labor de quienes privilegiaron la evacuación, la seguridad de visitantes y trabajadores y las evaluaciones técnicas antes de pensar en la reapertura de sus establecimientos.
La tragedia, golpeó con especial fuerza el occidente colombiano y produjo importantes afectaciones en ciudades como Quibdó, Pereira, Armenia, Manizales y Cali.
Desde la óptica de la industria de centros comerciales, sin embargo, el balance permite hacer una lectura importante: a pesar de la enorme magnitud de la emergencia, la mayoría de los grandes complejos comerciales de estas ciudades resistieron estructuralmente y una parte considerable ya ha retomado sus operaciones, aunque con diferencias importantes que permiten clasificarlos en tres grupos.
Los centros comerciales de mayor impacto
En este primer grupo están aquellos activos que debieron enfrentar cierres más prolongados, reparaciones o procesos de inspección especialmente rigurosos. Uno de los casos más representativos ha sido Mallplaza Cali, uno de los principales activos comerciales de la capital vallecaucana, con más de 68.000 m² de GLA. Tras el terremoto, Grupo Falabella informó que el complejo permanecía cerrado mientras se adelantaban trabajos de reparación, limpieza y los protocolos necesarios para garantizar una reapertura segura. La compañía confirmó igualmente que ninguno de sus trabajadores directos resultó lesionado, una noticia particularmente valiosa en medio de la emergencia.
Quibdó, por su cercanía con el epicentro y por las características de parte de su infraestructura urbana, también afrontó una situación especialmente compleja. La emergencia afectó viviendas, instituciones educativas y diferentes edificaciones de la ciudad, obligando a extremar las evaluaciones de seguridad. Para complejos como El Caraño, el desafío no es simplemente volver a abrir las puertas: es recuperar la confianza de clientes y comerciantes en una ciudad donde numerosas familias todavía enfrentan las consecuencias del desastre.
Armenia y Pereira conforman igualmente un corredor comercial que recibió un fuerte impacto. En la capital risaraldense la gravedad de los daños urbanos hizo que las evaluaciones fueran especialmente cuidadosas. Centros como Parque Arboleda y Pereira Plaza, entre otros, tuvieron que adaptar su funcionamiento a una ciudad que todavía atendía emergencias, restricciones de movilidad y evaluaciones estructurales. Sin embargo, las señales de recuperación son alentadoras. Pereira Plaza, por ejemplo, vuelve a reportar actualmente numerosos establecimientos abiertos y mantiene programación comercial, evidenciando que el proceso de normalización ya está en marcha.
Un segundo grupo: afectaciones que permitieron una recuperación más rápida
Un segundo conjunto corresponde a centros comerciales que enfrentaron cierres preventivos, inspecciones o afectaciones principalmente locativas, pero que pudieron regresar progresivamente a la actividad. En Manizales, pese a la magnitud del terremoto, el comportamiento de buena parte de la infraestructura comercial fue positivo. La propia Alcaldía informó el 10 de agosto que, entre los establecimientos comerciales evaluados inicialmente, únicamente uno reportaba daños totales y recomendó suspender preventivamente actividades mientras avanzaban las verificaciones.
Hoy complejos como Cable Plaza y Fundadores muestran nuevamente actividad comercial y programación. Cable Plaza mantiene sus horarios de funcionamiento y anuncia actividades para los próximos días, mientras Fundadores presenta tiendas, servicios y cartelera activa. Es una señal positiva de la capacidad que tuvieron estos inmuebles para superar en pocos días la fase inicial de evaluación y regresar a su papel de lugares de encuentro de la comunidad.
En Pereira y Armenia también existen centros que, luego de revisiones y cierres preventivos, han ido recuperando progresivamente servicios, comercio, supermercados y establecimientos financieros. Es importante distinguir entre un centro comercial cerrado y la suspensión individual de determinadas tiendas, bancos o servicios: durante estos primeros días se han presentado numerosos casos en los cuales el complejo funciona mientras algunos establecimientos internos mantienen restricciones preventivas.
Los que, afortunadamente, tuvieron afectaciones menores o ninguna de consideración
Un tercer grupo está compuesto por los centros comerciales en los cuales no se han conocido daños estructurales de consideración y cuya operación ha podido continuar o reanudarse rápidamente. En Cali, complejos como Jardín Plaza, Unicentro, Chipichape y Único muestran signos claros de recuperación de la actividad. La situación de estos activos contrasta con la de otras edificaciones de la ciudad severamente afectadas por el terremoto y demuestra, además, la importancia que han tenido durante las últimas décadas la ingeniería, las normas de construcción y los protocolos de evacuación y emergencia.
Algo similar se observa en Manizales y en diferentes activos comerciales del Valle del Cauca. La industria tiene, por supuesto, mucho que aprender de esta tragedia, pero hay también una conclusión favorable: la infraestructura moderna de centros comerciales mostró, en términos generales, un buen comportamiento frente a un movimiento sísmico extraordinariamente fuerte.
Una industria que también se convirtió en centro de solidaridad
Pero quizás la mejor respuesta del sector no está únicamente en sus edificios. La industria colombiana de centros comerciales volvió a demostrar que su papel trasciende el arrendamiento de locales y la generación de tráfico comercial. Muchos complejos se transformaron rápidamente en puntos de recepción, clasificación y movilización de ayudas para las poblaciones damnificadas.

Más de 40 centros comerciales se vincularon como puntos de recepción de donaciones dentro de las acciones coordinadas alrededor de “Colombia, un solo corazón”, mientras otros activos desarrollaron iniciativas propias o en alianza con fundaciones, organizaciones sociales y gremios. El Parque Comercial El Tesoro, por ejemplo, se vinculó a campañas junto con Acecolombia, Fundación Saciar y Corporación Presentes y habilitó espacios para recibir ayudas.
La campaña nacional “Colombia, un solo corazón”, liderada por la primera dama Ana Lucía Pineda, se convirtió en uno de los canales de articulación entre Gobierno, empresas, organizaciones sociales y ciudadanos para recolectar y movilizar asistencia hacia las regiones afectadas. En sus primeros días ya se habían gestionado más de 1.500 toneladas de alimentos y ayuda humanitaria, además de agua, medicamentos, combustible, equipos de energía y elementos para los albergues.
Aquí aparece nuevamente una característica histórica de nuestra industria: los centros comerciales son plazas de ciudad. Y cuando la ciudad sufre, esas plazas pueden convertirse también en lugares para ayudar.
El tráfico caerá, pero será un fenómeno temporal
Desde el punto de vista económico es inevitable anticipar una reducción del tráfico durante las primeras semanas posteriores al terremoto en las ciudades más afectadas. Existen razones evidentes. Miles de familias están concentradas hoy en resolver necesidades básicas, revisar sus viviendas, atender familiares, reorganizar sus finanzas o enfrentar restricciones temporales de movilidad. A ello se suma un factor emocional: después de un terremoto de esta magnitud y de numerosas réplicas, el consumidor necesita recuperar la confianza antes de regresar plenamente a los espacios de alta concentración de personas.
Por eso, sería equivocado medir el desempeño de agosto o incluso parte de septiembre utilizando los patrones normales de visitas y ventas, este efecto será principalmente coyuntural.
El Gobierno Nacional ya anunció un plan de articulación con empresas constructoras, gremios, entidades territoriales y el sistema financiero para iniciar la reconstrucción de las viviendas afectadas, inicialmente dirigido a unas 44.000 familias damnificadas. A medida que avancen la reconstrucción, la normalización de los servicios públicos, la movilidad y la recuperación de las viviendas, también regresará progresivamente la vida cotidiana.
Y dentro de esa normalidad estarán nuevamente los centros comerciales.
Supermercados, droguerías, restaurantes, moda, entretenimiento, servicios financieros y comercio especializado hacen parte de la vida económica de estas ciudades. Por ello creemos que, superada la fase más difícil de la emergencia, los tráficos tenderán a normalizarse y las ventas podrán recuperar la dinámica que venían mostrando antes del terremoto.

Incluso la reconstrucción producirá gradualmente una mayor demanda en categorías asociadas con materiales, hogar, mobiliario, electrodomésticos, servicios y reposición de bienes perdidos, aunque sería equivocado interpretar ese fenómeno como una compensación frente a la tragedia humana y económica que hoy viven miles de colombianos.
Reparar, abrir nuevamente y seguir creyendo
Finalmente, desde Mall & Retail queremos expresar nuestra admiración a los empresarios, propietarios, comerciantes, administradores, trabajadores y proveedores que apenas unos días después de la tragedia ya están reparando cielos rasos, fachadas, vitrinas, redes, locales y zonas comunes; limpiando escombros, realizando inspecciones de ingeniería y preparando sus espacios para recibir nuevamente a las comunidades.
Cada local que vuelve a levantar su persiana representa empleos que continúan. Cada centro comercial que reabre significa cientos de comerciantes recuperando actividad y miles de familias regresando gradualmente a su cotidianidad.
El terremoto del 10 de agosto dejará profundas lecciones para Colombia y para nuestra industria. Habrá que revisar protocolos, seguros, planes de continuidad, diseños, rutas de evacuación y capacidad de respuesta. Pero también deja una certeza: los centros comerciales colombianos han demostrado capacidad de resistencia, solidaridad y una enorme voluntad de recuperación.
A todos los empresarios que hoy están reconstruyendo les expresamos nuestro respeto y admiración. Muy pronto volverán a estar operando plenamente, con las mismas ganas, el mismo empuje y la misma fe en Colombia que históricamente han caracterizado a esta industria.
Porque reconstruir un centro comercial no consiste solamente en reparar un edificio. También significa ayudar a que una ciudad vuelva a ponerse de pie.
Fuente: Mall & Retail