La expansión de Shein, Temu y AliExpress ya no es solamente una historia de comercio electrónico. Para la industria colombiana de confecciones se está convirtiendo en una discusión sobre las condiciones bajo las cuales compiten el retail formal, la producción nacional y millones de paquetes individuales que diariamente cruzan las fronteras.

Permoda Ltda., compañía colombiana propietaria de Koaj, llevó este debate a Fenalco mediante un documento técnico en el que analiza el comercio transfronterizo de fast fashion, la ruta logística que pasa por Miami, los aranceles sobre materias primas y las diferencias tributarias entre una importación comercial tradicional y los envíos de bajo valor.
La dimensión del fenómeno es posiblemente el dato más relevante. Según cifras de la Cámara Colombo-China citadas en el documento de Permoda, Temu estaría gestionando alrededor de 2,2 millones de envíos mensuales hacia Colombia, mientras que datos de la DIAN referenciados por la Cámara Colombiana de la Confección sitúan en cerca de 400.000 kilos diarios el volumen de mercancía que estaría ingresando por este tipo de operaciones, calificando este fenómeno por el gremio como "contrabando digital hormiga", señalando que estas plataformas no están sujetas a las mismas exigencias de trazabilidad, etiquetado ni inspección que enfrenta la industria formal colombiana.
Miami, el gran hub detrás del paquete
Una parte importante de esta operación tiene una particularidad logística. El consumidor puede comprar un producto fabricado en China a través de una plataforma asiática, pero el paquete puede pasar posteriormente por una dirección de casillero o un centro de consolidación en Estados Unidos antes de llegar a Colombia.
Permoda identifica particularmente al sur de Florida y a Miami como plataforma de recepción, consolidación y redistribución de mercancías hacia América Latina. El Aeropuerto Internacional de Miami movilizó alrededor de 3,5 millones de toneladas de carga en 2025, reforzando su condición de uno de los grandes nodos logísticos entre Estados Unidos y la región.
Aquí aparece una diferencia fundamental que muchas veces se pierde en la conversación: procedencia no significa origen. Una camiseta fabricada en China que es enviada a un casillero en Miami y posteriormente despachada hacia Bogotá continúa siendo una mercancía de origen chino. El tránsito, consolidación o reempaque en Estados Unidos no transforma automáticamente su origen aduanero. Este punto resulta especialmente relevante cuando existen beneficios tributarios vinculados a acuerdos comerciales.
La regulación colombiana mantiene además un tratamiento particular para los envíos de bajo valor. La DIAN ha precisado que los paquetes con valor FOB igual o inferior a US$200 que ingresan mediante tráfico postal o envíos urgentes continúan sin gravamen arancelario; por otra parte, durante 2026 el Decreto Legislativo 1474 redujo a US$50 el umbral para determinadas exclusiones de IVA. Son dos componentes diferentes: uno arancelario y otro tributario.
Esta diferencia adquiere mayor relevancia cuando se compara con el canal tradicional de importación. Las prendas clasificadas en los capítulos 61 y 62 procedentes de países sin preferencias comerciales están sujetas en Colombia a un arancel del 40% ad valorem, de acuerdo con el Decreto 2598 de 2022. Para Permoda, el resultado es una asimetría: una empresa formal que importa inventario para venderlo en una tienda debe afrontar una estructura tributaria, aduanera, laboral y comercial diferente a la de miles de productos que llegan individualmente mediante paqueteo.
Del consumidor individual a un nuevo canal de abastecimiento
El verdadero problema comienza cuando un régimen diseñado para compras personales termina funcionando, eventualmente, como mecanismo de abastecimiento comercial. Permoda identifica riesgos como subvaloración de mercancías, fraccionamiento deliberado de compras, descripciones genéricas, utilización de diferentes identidades para múltiples pedidos y reventa de mercancía ingresada originalmente bajo apariencia de consumo personal.
El informe presenta incluso un caso ilustrativo en Cota, Cundinamarca, donde encontró un establecimiento independiente que utilizaba comercialmente el nombre “Shein Outlet” cerca de una tienda KOAJ. Permoda aclara que no afirma que este caso represente la totalidad del mercado, sino que lo plantea como ejemplo de cómo mercancías adquiridas mediante plataformas internacionales pueden terminar alimentando inventarios del comercio físico.
La discusión, por tanto, trasciende a Shein, Temu o AliExpress. Lo que está apareciendo es prácticamente un nuevo canal de importación de retail, construido no mediante grandes contenedores sino mediante millones de pequeñas transacciones.
Y mientras individualmente un paquete puede parecer irrelevante, agregado a millones de operaciones puede alterar la estructura competitiva de categorías completas.
Un sector que ya enfrenta presión
Esta transformación ocurre además en un momento complejo para la cadena textil colombiana. Según cifras oficiales de la Oficina de Estudios Económicos del MinCIT recogidas por Permoda, en 2025 las importaciones del sector textil alcanzaron aproximadamente US$1.891 millones, con un crecimiento de 15,4%, mientras China concentró 62,1% del valor importado, equivalente a unos US$1.175 millones. A abril de 2026, las compras provenientes de China continuaban aumentando 4,3% frente al mismo periodo del año anterior.

Los indicadores internos tampoco son menores. A abril de 2026, para las actividades de hilatura, tejeduría y acabado de productos textiles, el empleo acumulaba una variación de -0,2%, la producción industrial de -2% y las ventas de -4,4%. Las exportaciones textiles, entre tanto, habían disminuido 19,9% frente al mismo período de 2025.
La balanza comercial del sector textil continúa siendo estructuralmente deficitaria: a abril de 2026 acumulaba un saldo negativo cercano a US$490,5 millones.
Esto explica por qué para una compañía como Permoda la discusión tiene dos caras. Por un lado, busca reducir los costos de materias primas que Colombia no produce suficientemente; por otro, plantea que el producto terminado que compite con KOAJ y otras marcas colombianas debería ingresar bajo condiciones tributarias y de trazabilidad comparables, independientemente del canal utilizado.
El mundo también empezó a cerrar la puerta al “de minimis” sin control
Colombia no está sola en esta discusión. La Unión Europea comenzó desde julio de 2026 a cobrar un gravamen temporal de 3 euros por artículo para mercancías de hasta 150 euros provenientes de fuera del bloque, eliminando la anterior exención de derechos aduaneros para esos envíos de bajo valor. La Comisión Europea señala que la medida forma parte de una reforma más amplia orientada precisamente al crecimiento extraordinario del comercio electrónico transfronterizo.
El mensaje internacional empieza a ser claro: el comercio electrónico continuará creciendo, pero las autoridades están buscando que la fragmentación de una importación en millones de paquetes pequeños no se convierta automáticamente en una ventaja frente a la importación comercial tradicional.
Uruguay: una alternativa interesante para Colombia
Entre los referentes analizados por Permoda, posiblemente el más aplicable a Colombia sea Uruguay, porque no prohibió las compras internacionales ni eliminó la facilidad para el consumidor, sino que creó un sistema de límites, identificación y trazabilidad.
Desde el 1 de mayo de 2026, cada persona adulta puede utilizar el régimen de franquicia para máximo tres envíos al año, con un límite acumulado de US$800. Las compras deben ser para uso personal y el medio de pago debe corresponder al mismo titular que realiza la compra y recibe la mercancía. Además, los envíos pagan IVA, salvo las excepciones previstas para mercancías provenientes de países con acuerdos comerciales aplicables —actualmente Estados Unidos— y determinados obsequios familiares.
Uruguay introdujo otra herramienta particularmente relevante: los operadores postales se convirtieron en responsables del recaudo y pago de los tributos ante Aduanas. Es decir, el control no descansa exclusivamente en perseguir individualmente al comprador después de realizada la operación; parte de la responsabilidad se traslada a los actores que conocen y administran el flujo logístico.
Ese modelo podría aportar varias ideas al debate colombiano. No necesariamente copiar sus límites monetarios, pero sí establecer un cupo anual identificable por persona, consolidar todos los envíos asociados a un mismo documento de identidad, exigir coincidencia entre comprador, medio de pago y destinatario, hacer obligatorio el reporte del verdadero país de origen de la mercancía y responsabilizar a plataformas, couriers y casilleros por el suministro anticipado de información tributaria y aduanera.
Permoda propone además que la DIAN reciba periódicamente información estructurada de valor, peso, origen y destinatario de cada paquete, y plantea eliminar tratamientos preferenciales cuando las mercancías no sean realmente originarias del país que les permitiría acceder al beneficio.

El desafío no es detener a Shein, Temu o AliExpress
La discusión probablemente no debería plantearse como una batalla entre el comercio tradicional y el comercio electrónico. El consumidor colombiano ya incorporó estas plataformas a sus hábitos y seguirá demandando variedad, precio y conveniencia. Intentar revertir digitalmente esa transformación sería desconocer hacia dónde se mueve el retail mundial.
El verdadero interrogante es otro: ¿puede una operación que individualmente parece una compra personal seguir recibiendo el mismo tratamiento cuando, agregada, representa millones de paquetes y cientos de toneladas de mercancía?
Para Koaj y Permoda, el problema no está en que un colombiano compre una camiseta por internet. Está en que dos productos equivalentes puedan terminar compitiendo en el mismo mercado colombiano después de recorrer caminos tributarios, aduaneros y regulatorios completamente diferentes.
Uruguay ofrece una pista interesante: facilitar la compra, pero identificar al comprador; permitir el paqueteo, pero acumularlo; mantener la franquicia, pero limitarla; y conservar la velocidad del comercio electrónico haciendo que plataformas y operadores logísticos formen parte del sistema de trazabilidad.
El fast fashion transfronterizo no desaparecerá. Lo que está cambiando en Colombia —y ya cambió en varios mercados— es la discusión sobre dónde termina una compra individual y dónde comienza realmente una importación comercial. Para el retail colombiano, resolver esa frontera será uno de los grandes debates competitivos de los próximos años.
Fuente: Mall & Retail.