El consumo de comida fuera del hogar ocupa un lugar cada vez mayor en el presupuesto de las familias colombianas. Pero en 2026 aparece una señal de alerta para restaurantes, cafeterías y centros comerciales: los hogares gastan más sin que ello signifique necesariamente más visitas o comidas vendidas. La inflación separa cada vez más el crecimiento de la facturación del aumento efectivo de la demanda.

Según Gastometría de Raddar, en junio de 2026 las comidas fuera del hogar representaron el 7,8 % del gasto de los hogares y ocuparon el cuarto lugar del presupuesto familiar. Por primera vez desde el inicio de la medición en 2009 superaron a bienestar. La gastronomía confirma así su importancia dentro del consumo cotidiano y la actividad comercial del país.
La contradicción está en el gasto real. A junio, Raddar estimó que el consumo de comidas fuera del hogar aumentó apenas 1,14 % anual, frente a un incremento de precios del 9,72 %. Buena parte del mayor desembolso responde a lo que cuesta cada comida y no a un aumento comparable de las cantidades consumidas.
Facturar más, por tanto, no implica atender más clientes.
El DANE confirma esta presión. En septiembre de 2026, los precios de las comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio aumentaron 9,44 % anual, y los de comidas preparadas fuera del hogar para consumo inmediato subieron 9,41 %. Ambos indicadores superaron la inflación nacional del 6,29 %. Mantener la costumbre de comer fuera exige una mayor porción del ingreso.
Los hábitos también cambian. Raddar identificó que la hamburguesa concentró el 10,3 % del gasto en comidas fuera del hogar durante el primer semestre de 2026. Además, representó el 18,4 % de los platos pedidos en restaurantes y el 22,9 % de los solicitados a domicilio, dentro de su medición. Los formatos rápidos conservan un lugar destacado entre las preferencias de consumo.
ConsumerTrack encontró que el 59 % de los consumidores de comidas fuera del hogar pertenece al grupo de buscadores de tiempo, frente al 53 % observado entre agosto y diciembre de 2025. Rapidez, cercanía, pedidos digitales y facilidad de acceso pesan en la decisión de compra. El precio importa, pero ahorrar tiempo también ayuda a explicar la elección de restaurantes y cafeterías.
Para los centros comerciales, la gastronomía cumple un papel estratégico: atrae visitantes, prolonga la permanencia y amplía las razones para acudir. Pero las ventas nominales no bastan para medir su desempeño. Si un menú se encarece cerca de 10 %, una facturación que crece en la misma proporción puede esconder una cantidad estable, o incluso menor, de transacciones.
Los resultados de Grupo Nutresa permiten observar la actividad empresarial. Su negocio de Alimentos al Consumidor, con marcas como El Corral, El Corral Gourmet, Leños & Carbón y Papa Johns, reportó ingresos cercanos a $263.900 millones en el primer trimestre de 2026, un avance anual de 13,2 %. En el segundo trimestre alcanzó $294.700 millones, con crecimiento de 20,7 %.

El acumulado semestral de la unidad fue cercano a $558.600 millones. Nutresa informó además que sus cadenas de restaurantes en Colombia crecieron 13,9 % en el primer semestre, mientras Food Service avanzó 19,7 %. Son negocios distintos: el suministro de alimentos a terceros no equivale a ventas directas en restaurantes. La distinción es importante al comparar resultados.
Las cifras sugieren que las cadenas organizadas aún encuentran oportunidades en un mercado de consumo real limitado. La escala facilita negociar materias primas, estandarizar procesos y promover canales digitales. No obstante, sin información de transacciones, aperturas y ventas en locales comparables, no es posible saber cuánto del crecimiento corresponde a más clientes y cuánto a precios.
Para los restaurantes independientes la presión suele ser más difícil de administrar. Ingredientes, salarios, arrendamientos y servicios elevan los gastos, mientras los comensales comparan alternativas. Aumentar el precio del menú protege parte del margen, pero puede reducir la frecuencia de quienes dependen de almuerzos económicos. La eficiencia operativa se vuelve decisiva.

El corrientazo ilustra esta tensión. Un ejercicio publicado por Agronegocios, de La República, con información de precios SIPSA del DANE, estimó que una canasta de ingredientes para un almuerzo popular pasó de $15.505 en octubre de 2025 a cerca de $18.980 en octubre de 2026: 22,4 % más. La cifra no corresponde al precio promedio oficial que cobran los restaurantes por un menú servido.
Arroz, carne, papa, plátano, ensalada, fríjoles, huevo y jugo integran la comida tradicional. Si sus costos aumentan, el restaurante debe ajustar el menú, negociar compras o aceptar una menor utilidad. El cálculo no significa que todos los corrientazos cuesten $18.980 o hayan subido 22,4 %: sirve para dimensionar las dificultades que enfrenta una de las opciones de alimentación más populares.
Así, el corrientazo pone rostro a una tendencia que empieza en las cifras nacionales: crece el dinero destinado a comer fuera, pero el consumo real apenas avanza. Para los centros comerciales y las cadenas gastronómicas, el reto será aumentar transacciones y productividad; para los establecimientos populares, conservar precios accesibles sin comprometer su operación. La frecuencia de compra será la prueba decisiva. El desafío para cada formato será demostrar cuánto valor entrega al cliente y conocer cuántas visitas convierte en ventas.
Fuente: Mall & Retail.