En un sector donde la moda de playa compite por atención global con propuestas cada vez más similares, Baobab ha logrado construir un posicionamiento diferencial al convertir su producto en una historia de marca con propósito, experiencia y coherencia. Más allá del vestido de baño, la compañía ha desarrollado un lenguaje propio que une estética, sostenibilidad y expansión internacional. En reciente entrevista en el podcast Dinstinto, conducido por David Llano, Isabela Espinosa detalla el origen, las decisiones y los aprendizajes detrás de la marca.

Isabela Espinosa es abogada y emprendedora colombiana. A sus 30 años se desempeña como fundadora y directora creativa de Baobab, y ha sido reconocida como una de las jóvenes de mayor influencia por Forbes Colombia, un hito relevante en un ecosistema empresarial que suele asociar el liderazgo de alto impacto con trayectorias más largas y perfiles tradicionales. Su caso destaca por una combinación poco común: visión creativa y disciplina estratégica construida desde la ejecución, en una industria exigente por su dependencia de calidad, tiempos, proveedores y validación comercial permanente.
Baobab nació cuando Espinosa tenía 22 años, en un proceso que ella describe como muy complejo. Mientras estudiaba Derecho, el deseo de emprender se repetía como un ejercicio constante, hasta convertirse en una obsesión. El arranque estuvo marcado por errores y pérdidas: talleres no especializados que dañaron producción, promesas incumplidas, dificultades con telas y estampación, y la necesidad de recomenzar varias veces con un capital mínimo.
La persistencia, sin embargo, terminó consolidando una base productiva que le permitió escalar. Hoy Baobab es una marca de vestidos de baño y ropa de playa que vende en más de 450 boutiques en 52 países, y ha logrado que grandes almacenes internacionales tengan codificada la marca, un indicador de acceso a vitrinas donde la curaduría y la exigencia comercial elevan la barrera de entrada para marcas emergentes.
Uno de los ejes del éxito de la marca se explica por la consistencia del proyecto en la circularidad entendida como modelo, no como discurso. Baobab significa “el árbol de la vida”, asociado a Madagascar, y ese símbolo funciona como marco conceptual: permanencia, ecosistema y responsabilidad. Espinosa plantea una ambición clara de avanzar hacia una marca de “cero desperdicios”, donde los residuos textiles puedan convertirse en materia prima para impulsar comunidades creativas y nuevos procesos productivos.
En esa línea, una de las decisiones más representativas de la marca fue transformar una limitación operativa en un activo de identidad: en los inicios, los vestidos de baño se entregaban empacados en cocos reales porque ningún proveedor aceptaba producir menos de 150 empaques. Esa restricción llevó a que Baobab fuera conocida rápidamente como “la marca de los cocos”, y de allí nació el Coco Bar, instalado dentro de las tiendas para aprovechar la pulpa sobrante del coco y convertirla en bebidas para los clientes, como piña colada, limonada de coco y agua de coco. La circularidad, en este caso, no se queda en la promesa: se materializa en una experiencia concreta que integra empaque, servicio y uso eficiente del recurso.
Otro componente de su éxito tiene que ver con la manera en que Baobab entiende la creatividad como herramienta de expansión. La marca ha realizado desfiles y activaciones de alto impacto en escenarios como París, Dubái y Madagascar, reforzando una idea clave: en mercados saturados, el producto por sí solo compite con dificultad; lo que diferencia es la capacidad de convertir la colección en un acontecimiento coherente con el ADN.

Isabela describe cómo esas puestas en escena se construyeron bajo un principio de ejecución austera y decisiones inteligentes, resolviendo con creatividad restricciones presupuestales y operativas. El resultado ha sido una estrategia de visibilidad donde el lugar no es un simple fondo, sino parte del mensaje: una marca tropical que se atreve a hablar con lenguaje global sin perder su identidad.
Otro aspecto clave ha sido sus valores y principios, que se ordena en un triángulo que la propia fundadora resume con claridad: pasión, persistencia y estrategia. La pasión opera como energía para sostener un proyecto cuando la ejecución falla y las caídas se acumulan. La persistencia aparece como la capacidad de atravesar una secuencia de “no” sin abandonar el rumbo, entendiendo que el crecimiento real suele ser el resultado de tolerar fracasos repetidos. Y la estrategia, el componente decisivo, se expresa en la lectura de contexto: identificar qué hace distinta a la marca, amplificarlo con coherencia y evitar diluir identidad intentando parecerse a otros.

En ese marco, Baobab también aprende que la estrategia no es eterna: el canal que impulsa una etapa puede volverse riesgoso en la siguiente, y por eso la marca enfatiza la importancia de diversificar, reducir dependencias excesivas y construir una relación directa con el consumidor final.
En otra dimensión, el caso de Baobab deja recomendaciones útiles para emprendedores, especialmente en sectores de alta competencia. La primera es convertir restricciones en diferenciación: lo que no se puede pagar o producir puede transformarse en símbolo, si se integra con coherencia al relato. La segunda es profesionalizar la ejecución sin matar la creatividad: en moda, el encanto no reemplaza el control de calidad, y la marca que escala es la que aprende a operar. La tercera es leer el mercado antes de “abrir por aspiración”: la expansión sostenible se apoya en demanda real, no en orgullo. La cuarta es proteger el ADN: no todo crecimiento es coherente, y la disciplina de decir “no” a lo que diluye identidad puede ser tan importante como capturar oportunidades. Y la quinta es pensar en estructura: una marca puede crecer más rápido que la empresa que la sostiene, y el reto de largo plazo es construir procesos, gobierno y capacidad operativa a la altura de la visibilidad lograda.
Con todo, Baobab se presenta como un caso que combina relato y resultado: una marca que nació desde el ensayo, maduró en la adversidad y escaló convirtiendo sus limitaciones en diseño, experiencia y propósito. En un mercado donde la moda suele confundirse con tendencia, la historia de Isabela Espinosa muestra que la verdadera ventaja competitiva no es seguir el camino “correcto”, sino construir uno propio y sostenerlo con consistencia.
Fuente: Mall & Retail
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