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PARQUE LA COLINA SE AMPLíA Y SE CONSOLIDA COMO LA JOYA DE LA CORONA DE PARQUE ARAUCO EN EL PAíS

Parque Arauco decidió acelerar su ciclo de crecimiento regional con un plan de inversión por US$ 1.033 millones para los próximos cinco años, una señal clara de que el negocio de centros comerciales volvió a una fase donde manda la escala, la calidad del activo y la capacidad de ejecutar ampliaciones con riesgo controlado. 

Del total anunciado, US$ 330 millones provendrán de recursos propios, lo que refuerza el mensaje de disciplina financiera: crecer sin perder estabilidad, combinando caja, eficiencia operativa y un portafolio que ya demostró tracción en ventas, ocupación y captura de valor en renta y servicios.

 

El destino de la inversión confirma una estrategia exitosa: remodelación y ampliación de activos existentes, sumada a adquisiciones selectivas y crecimiento en formatos que hoy capturan tráfico y rotación, como outlets y centros regionales en Chile y Perú. En esa hoja de ruta aparece también la expansión en Chile con proyectos como Arauco Chicureo (US$ 106 millones), además de nuevas ampliaciones en outlets y centros regionales; y, en Perú, un componente residencial para renta integrado a comercio en MegaPlaza Independencia (US$ 34 millones). 

 

El mensaje corporativo es consistente: priorizar activos estratégicos, donde ya existe ubicación, demanda, mezcla comercial y un historial probado de visitas, antes que dispersar capital en desarrollos desde cero con mayor incertidumbre.

En Colombia, la “joya de la corona” es Parque La Colina, activo que se convirtió en la vitrina principal del grupo en el país desde su inauguración en 2016. El plan contempla una inversión de US$ 81 millones para sumar cerca de 20.000 m2 de GLA, incorporando dos nuevos niveles comerciales (pisos 4 y 5) con una combinación de comercio, gastronomía, entretenimiento y espacios de encuentro la cual debe estar lista en 2030.

 

El tamaño esperado de La Colina tras la ampliación lo pone en una liga superior: alcanzaría 82.500 m² de área arrendable, con lo cual se perfila como el cuarto centro comercial más grande de Bogotá, detrás de Centro Mayor (109.000 m²), Mallplaza NQS (93.000 m²) y Plaza de las Américas (90.000 m²).

Este salto no es solo un dato de área: es un cambio estructural en capacidad de oferta, mayor densidad de categorías y una plataforma más robusta para anclas, gastronomía y entretenimiento, elementos que hoy explican buena parte del aumento en permanencia y frecuencia de visita en los activos líderes.

 

Los resultados de 2025 explican por qué La Colina concentra la apuesta. El activo cerró con ocupación de 99,8%, mientras las ventas de los locatarios llegaron a COP $1,01 billones, con un crecimiento de 8,5%, representando además el 37% de las ventas del portafolio de Colombia que alcanzó COP $2,7 billones. A esto se suma un indicador que define jerarquías internas: las ventas por m²/mes más altas del portafolio de Parque Arauco, con COP $1.397.858 por m²/mes. Cuando un activo logra esa productividad, la ampliación deja de ser un “proyecto” y se convierte en un mecanismo de creación de valor: más área para capturar demanda existente, consolidar categorías de alto desempeño y ampliar la base de rentas sin sacrificar calidad de ocupación.

La captura de valor se refleja también en la línea de ingresos del activo. En alquiler de espacios, parqueaderos y cuotas de sostenimiento, Parque La Colina alcanzó COP $121.596 millones en el año, equivalente a COP $160.170 por m²/mes. Esta cifra, más allá del volumen, evidencia una combinación de un círculo virtuoso: perfil de marcas, niveles de renta, componentes variables atados a ventas, tráfico efectivo y una administración capaz de monetizar servicios y operación. 

El gran reto de una ampliación en un centro comercial no está en el anuncio, sino en la ejecución. Para el ingeniero Hugo Espinosa, experto en remodelaciones de centros comerciales, el éxito depende de mantener una experiencia de compra sin tropiezos, lo que obliga a que el activo “parezca normal” durante el día y pase a “modo remodelación” en la noche, trabajando con ventanas de tiempo mínimas y una logística de precisión. 

 

Para reducir la incertidumbre y aumentar la probabilidad de éxito, la planeación debe ir más allá de los diseños técnicos y arquitectónicos: debe incorporar un proceso constructivo detallado, apoyado en tecnología, que defina etapas, restricciones y requerimientos.

 

Dado que los centros comerciales operan 365 días al año, la obra debe minimizar el impacto en ventas y servicio, por lo que se recomienda ejecutarla por etapas, aunque esto implique mayores tiempos de construcción. 

Conocer desde el inicio el método constructivo permite estimar plazos y anticipar cierres o concesiones temporales de áreas, así como acordar de manera previa las ventanas de trabajo para calcular rendimientos y sobrecostos asociados a turnos nocturnos u horas extra. En la ejecución, la coordinación milimétrica con operación resulta determinante: integrar al equipo de infraestructura y operaciones en los comités de obra facilita sincronizar el ingreso de materiales, equipos y zonas de trabajo con la dinámica del centro comercial y sus eventos, complementado con una cuadrilla permanente para atender seguridad industrial, cerramientos, aseo e imprevistos. 

 

Fuente: Mall & Retail.

 

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