Durante más de dos décadas, Pizza Nostra fue sinónimo de encuentro, tradición y expansión en el segmento de restaurantes de servicio casual en Bogotá. La marca logró posicionarse como un referente urbano en el norte de la ciudad, con una propuesta que combinaba volumen, precio accesible y recordación de marca. Sin embargo, su historia reciente es también un caso empresarial que evidencia cómo los activos intangibles —marca, ubicación y reputación— pueden verse tensionados por decisiones patrimoniales, contractuales y de gobierno corporativo.

El auge en Bogotá y el cambio de manos
En su etapa de mayor fortaleza, Pizza Nostra consolidó varios puntos en la capital y se convirtió en una marca visible dentro del mapa gastronómico bogotano. No obstante, tras enfrentar dificultades financieras y un proceso de quiebra, los propietarios originales decidieron vender la marca a un comerciante de Tunja, quien asumió la operación y reorientó el negocio hacia Boyacá.
Este giro estratégico implicó una redefinición geográfica del foco de expansión. De una marca con fuerte presencia en Bogotá, pasó a concentrar su músculo operativo en Tunja y el mercado boyacense. En la actualidad, mantiene en Bogotá un único punto en la carrera 15 con calle 122, que opera más como vestigio de su historia capitalina que como eje de crecimiento.
El Pozo de Donato: activo comercial en suelo patrimonial
El capítulo más complejo de la marca se desarrolla hoy en Tunja, específicamente en el parque del Pozo de Donato, un espacio de alto valor histórico y cultural vinculado al Pozo de Hunzahúa y al antiguo templo solar de Goranchacha. Este predio hace parte del campus de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y fue entregado en arrendamiento a través de un convenio con la Cámara de Comercio de Tunja.
Desde 1998, Pizza Nostra opera allí bajo una figura contractual que combinaba un canon en dinero —inicialmente cercano al millón de pesos y luego ajustado hasta seis millones mensuales— con obligaciones en especie: vigilancia, mantenimiento, jardinería, recuperación del entorno y adecuaciones físicas del parque.
Según el actual arrendatario, en su momento se invirtieron más de 400 millones de pesos para recuperar un espacio que se encontraba en abandono y que representaba un problema de seguridad para la ciudad.
Durante años, este modelo fue presentado como una alianza público-privada que permitió revitalizar un atractivo turístico sin que la universidad asumiera directamente los costos de operación. Sin embargo, el esquema contractual terminó bajo la lupa de los entes de control.
Hallazgo fiscal por $1.000 millones y riesgo de cierre
La Contraloría General de la República reportó recientemente un hallazgo fiscal en el convenio, al considerar que en los últimos cinco años la universidad habría dejado de percibir alrededor de 1.000 millones de pesos por concepto de canon de arrendamiento. El proceso fiscal apenas inicia y no implica de manera automática sanción, pero sí abre un frente jurídico y reputacional.

En este contexto, la UPTC notificó su decisión de no renovar el convenio vigente con la Cámara de Comercio, el cual vence en agosto de 2027, y solicitó la restitución del inmueble. Paralelamente, la universidad ha dejado abierta la posibilidad de estructurar un nuevo contrato directo con el empresario, ajustando el canon y trasladando los ingresos al programa de Arqueología.

El arrendatario, por su parte, ha defendido la legalidad del acuerdo y sostiene que el costo real de operación supera ampliamente el canon en efectivo, sumando cerca de 20 millones de pesos mensuales en mantenimiento, seguridad y personal. No obstante, el desgaste institucional y mediático ha puesto en riesgo la continuidad del punto en el Pozo de Donato, un establecimiento con 28 años de historia en ese lugar.
Lecciones para el retail gastronómico
El caso Pizza Nostra deja varias lecturas para el ecosistema de comercio y retail gastronómico:
• La ubicación es un activo estratégico, pero también un riesgo jurídico cuando se trata de bienes públicos o patrimoniales.
• Los modelos de canon mixto (dinero + obligaciones en especie) requieren métricas claras de valoración para evitar cuestionamientos posteriores.
• La reputación de marca puede verse afectada por controversias contractuales, incluso si no existe fallo sancionatorio.
Hoy, Pizza Nostra es una marca regional con epicentro en Boyacá y presencia residual en Bogotá. Su futuro inmediato dependerá de la capacidad de renegociar su principal activo en Tunja o de reubicarse sin perder capital simbólico. Más allá de la coyuntura, el caso refleja cómo una marca que nació fuerte en la capital puede transformarse, replegarse y enfrentar nuevos desafíos cuando la estructura financiera, la propiedad y el entorno regulatorio cambian.
En el retail, las marcas no solo compiten por clientes; también compiten por estabilidad jurídica, gobernanza contractual y legitimidad institucional. Pizza Nostra está hoy en ese punto de inflexión.
Fuente: Mall & Retail