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DE MARCAS LOCALES A MODELOS GLOBALES: ASí CRECEN LAS FRANQUICIAS COLOMBIANAS

El modelo de franquicias atraviesa uno de sus momentos más sólidos en Colombia. Lo que durante años fue visto como una fórmula para replicar negocios en el mercado local, hoy se ha convertido en una plataforma de expansión para marcas nacionales que buscan crecer con mayor velocidad, menor riesgo operativo y una estructura empresarial más estandarizada.

Ese será uno de los temas protagonistas en Alimentec | Anuga Select Colombia 2026, feria que se realizará del 9 al 12 de junio de 2026 en Corferias, Bogotá, y que se consolida como punto de encuentro de la industria de alimentos y bebidas en América Latina y el Caribe, reuniendo actores de HORECA, retail y grandes superficies. La feria incluye dentro de sus sectores participantes el componente de franquicias, lo que confirma la relevancia de este modelo dentro de la nueva etapa de crecimiento del consumo fuera del hogar y del comercio especializado. 

 

Las cifras muestran la magnitud del fenómeno. Colombia cuenta actualmente con cerca de 550 marcas franquiciantes activas y alrededor de 18.000 establecimientos en operación, lo que la ubica como el cuarto mercado de franquicias más importante de América Latina, después de Brasil, México y Argentina. Además, este modelo genera más de 70.000 empleos directos en el país, consolidándose como una herramienta de formalización, expansión empresarial y generación de tejido productivo. 

La gastronomía sigue siendo el corazón del negocio. Cerca del 40% de las franquicias activas pertenece al sector de alimentos y bebidas, una categoría donde las marcas colombianas han encontrado una fórmula efectiva para crecer a partir de formatos flexibles, procesos estandarizados y alta recordación entre consumidores. Casos como Sandwich Qbano, Cosechas y Bogotá Beer Company evidencian cómo una marca local puede construir una red nacional y, posteriormente, mirar hacia mercados internacionales. 

 

Desde la óptica de Mall & Retail, este crecimiento tiene una lectura estratégica para los centros comerciales. Las franquicias bien estructuradas se han convertido en aliadas del mix comercial porque reducen la incertidumbre del operador inmobiliario, aportan marcas reconocidas, dinamizan categorías de alto tráfico y permiten poblar espacios con conceptos que ya llegan probados en producto, imagen, operación y servicio.

El fenómeno, sin embargo, ya no se limita a comida rápida. El retail especializado, la moda, la belleza, los servicios logísticos y los formatos de conveniencia también ganan participación. Marcas como Totto y Vélez muestran la capacidad de internacionalización del comercio colombiano; empresas como Servientrega y Efecty consolidan redes de servicios con presencia territorial; y formatos de belleza y cuidado personal reflejan cómo la franquicia también está capturando nuevas tendencias de consumo urbano.

 

Uno de los casos más representativos es Qbano. La compañía afirma que el 90% de sus puntos de venta opera bajo el esquema de franquicia, lo que confirma que el modelo se convirtió en su principal motor de crecimiento. Su plan contempla fortalecer la presencia en ciudades intermedias, consolidar nuevas líneas de negocio como Pizzamanía y avanzar hacia una franquicia máster para acelerar la expansión internacional en mercados como Panamá y Estados Unidos. 

Este punto resulta clave. Las ciudades intermedias se están convirtiendo en el nuevo campo de expansión para las franquicias. Allí, los consumidores demandan mejores experiencias, las marcas buscan ocupar territorios con menor saturación competitiva y los centros comerciales requieren operadores capaces de ofrecer calidad, continuidad y respaldo. En ese sentido, una franquicia no solo abre un local: crea empleo, activa proveedores, eleva el estándar comercial y contribuye a formalizar sectores que tradicionalmente crecieron de manera atomizada.

 

El impacto económico también es relevante. En el caso de Qbano, la operación genera más de 1.500 empleos directos y 2.000 indirectos, mientras cada nuevo punto puede aportar entre seis y doce empleos directos adicionales. Además, la compañía ha mantenido inversiones superiores a los $10.000 millones durante ciclos de expansión intensiva y proyecta abrir entre ocho y diez nuevos locales por año durante los próximos tres años. 

El auge de las franquicias también responde a un cambio en el perfil del inversionista. Ya no se trata únicamente de emprendedores que quieren montar un negocio desde cero. Hoy aparecen inversionistas que buscan modelos probados, escalables y con menor curva de aprendizaje. La marca, el soporte, la ubicación, el retorno esperado y la capacidad operativa pesan cada vez más en la decisión.

 

Pero el respaldo de una marca no garantiza el éxito. La ubicación, la estructura de costos, el canon de arrendamiento, las regalías, los aportes de publicidad, la capacitación, el control operativo y la lectura del mercado local siguen siendo determinantes. Para un centro comercial, esto implica evaluar no solo la marca que llega, sino la calidad del franquiciado, su músculo financiero y su capacidad de sostener la operación en el tiempo.

La lectura de fondo es clara: Colombia dejó de ser únicamente un mercado receptor de franquicias extranjeras para convertirse en un exportador de conceptos empresariales. La gastronomía lidera el movimiento, pero detrás vienen moda, belleza, logística, servicios y retail especializado. Para los centros comerciales, esta tendencia representa una oportunidad de fortalecer el mix con marcas que combinan identidad local, procesos replicables y ambición regional.

 

En un entorno donde el comercio busca eficiencia, diferenciación y rentabilidad, las franquicias aparecen como una de las fórmulas más potentes para escalar negocios. 

 

Fuente: Mall & Retail.