Hablar de Gran Estación es hablar de la transformación de Bogotá. Durante dos décadas, su historia ha estado estrechamente ligada al desarrollo económico de Ciudad Salitre, la consolidación del comercio moderno en Colombia y la evolución del retail como uno de los principales dinamizadores de la economía nacional.

Cuando abrió sus puertas en diciembre de 2006, el occidente de la capital atravesaba un profundo proceso de transformación. Ciudad Salitre había sido concebida como una ciudad planificada en la que podían convivir vivienda, oficinas, entidades públicas, hoteles, comercio, entretenimiento y grandes equipamientos urbanos.
El proyecto, impulsado desde finales de los años ochenta y desarrollado con especial intensidad durante la década de los noventa, convirtió antiguos terrenos de la hacienda El Salitre en una nueva centralidad. Su ubicación sobre la avenida El Dorado, entre el aeropuerto y el centro tradicional, le permitió transformarse en uno de los corredores residenciales, institucionales y empresariales más importantes de Bogotá.
Gran Estación supo interpretar esa oportunidad. El crecimiento de la vivienda, la llegada de nuevas oficinas y la presencia de entidades como la Fiscalía General de la Nación, la Gobernación de Cundinamarca y la Cámara de Comercio de Bogotá crearon una demanda que requería una oferta comercial de mayor escala. El centro comercial no solo llegó para atender ese mercado: contribuyó a consolidarlo.
La visión de Rafael Augusto Salazar
Detrás del proyecto estuvo el liderazgo del arquitecto y empresario Rafael Augusto Salazar, quien entendió que un centro comercial debía relacionarse con la ciudad y no limitarse a funcionar como una edificación cerrada. Su visión integró arquitectura, comercio, conectividad, entretenimiento y espacio público.
Gran Estación incorporó una amplia plaza exterior, zonas de encuentro y un anillo vial propio. Posteriormente, el desarrollo del Costado Esfera y el puente que conecta los dos componentes amplió su oferta y fortaleció su condición de destino urbano.
La afición de Salazar por el ajedrez también quedó plasmada en el proyecto. La Plaza Metropolitana de los Alfiles, con un diseño inspirado en el tablero y sus piezas, convirtió una pasión personal en un elemento de identidad arquitectónica. El ajedrez representa estrategia, paciencia y capacidad para anticipar los movimientos del entorno, cualidades que también explican la permanencia de Gran Estación durante estos veinte años.
Una de sus primeras anclas fue Almacenes Vivero, cuya presencia reflejaba el momento que vivía el retail colombiano, cuando los hipermercados desempeñaban un papel decisivo en la generación de tráfico. Tras la adquisición de Carulla Vivero por parte de Almacenes Éxito, el espacio evolucionó hacia la marca Éxito, acompañando la transformación del comercio nacional y del propio centro comercial.
Un proyecto pionero en inclusión
Sin embargo, el legado más profundo de Gran Estación probablemente no se encuentra en sus metros cuadrados, sino en su apuesta por la inclusión laboral.
Esta vocación surgió como consecuencia de una tragedia familiar que transformó la vida de Rafael Augusto Salazar y su familia. A partir de esa experiencia nació un compromiso con las personas con discapacidad y la convicción de que el sector empresarial podía desempeñar un papel decisivo en la construcción de oportunidades.
La familia creó la Fundación Arcángeles y, mientras el centro comercial terminaba de construirse, diseñó un modelo para incorporar laboralmente a personas con discapacidad física y sensorial. Desde su inauguración, Gran Estación abrió oportunidades en áreas como seguridad, servicio al cliente, contabilidad y gestión administrativa.

De esta forma, se convirtió en uno de los proyectos empresariales pioneros de Colombia en inclusión laboral. Su modelo demostró que esta política no debía entenderse como caridad, sino como una estrategia de talento humano capaz de generar eficiencia, compromiso y sentido de pertenencia. La iniciativa trascendió posteriormente las fronteras del complejo y se convirtió en referente para otras organizaciones.
La evolución de Gran Estación también ha estado acompañada por el liderazgo de Gustavo Goyeneche al frente de la gerencia general. Su gestión ha permitido fortalecer el posicionamiento del complejo, mantener una mezcla comercial competitiva y consolidarlo como uno de los activos de mejor desempeño del mercado bogotano.
De acuerdo con el Mapa Nacional de Centros Comerciales 2026, elaborado por Mall & Retail con cifras al cierre de 2025, Gran Estación se encuentra entre los siete centros comerciales más potentes de Bogotá. Durante el último año obtuvo ingresos por $26.901 millones y mantuvo una elevada ocupación, respaldada por la productividad de sus tiendas, la estabilidad de las marcas y su capacidad permanente para atraer visitantes.
Una de sus mayores fortalezas es la generación de tráfico durante los siete días de la semana y los 365 días del año. Gran Estación no depende únicamente de las visitas del fin de semana. Su ubicación le permite atender diariamente a residentes de Ciudad Salitre, trabajadores del corredor empresarial de la calle 26, funcionarios de entidades públicas, viajeros y consumidores procedentes de distintos sectores de Bogotá.

La combinación adecuada de usos residenciales, empresariales, institucionales y comerciales genera diferentes momentos de consumo a lo largo del día y reduce la dependencia de temporadas específicas. Bajo el liderazgo de Goyeneche, el complejo ha sabido convertir esa ventaja urbana en productividad comercial, alta ocupación y permanencia de las marcas.
Hoy, contar con un complejo de 45.829 metros cuadrados y 371 locales representa mucho más que disponer de un espacio físico. Significa ofrecer una plataforma para el desarrollo económico de Bogotá y Colombia, donde convergen empresas, inversionistas, emprendedores, trabajadores y millones de visitantes.
Su impacto trasciende la actividad comercial. Durante veinte años ha generado empleo, acompañado el crecimiento de cientos de marcas nacionales e internacionales y fortalecido su papel como escenario de encuentro, entretenimiento y construcción de comunidad.
Esta evolución no ha sido producto del azar. Es el resultado de una visión estratégica construida desde su Junta Directiva y ejecutada con disciplina por el equipo administrativo. Incluso durante la pandemia prevalecieron la solidaridad, la protección del empleo, el bienestar de los colaboradores y el acompañamiento a los comerciantes.
Para Leopoldo Vargas Brand, CEO de Mall & Retail, “Gran Estación es uno de los mejores ejemplos de cómo un centro comercial puede interpretar las oportunidades creadas por la transformación urbana. Su éxito está asociado a una ubicación estratégica, una mezcla comercial altamente productiva, una gestión constante y la capacidad de atender durante los siete días de la semana a residentes, trabajadores, viajeros y visitantes. Pero su principal legado ha sido demostrar que el crecimiento empresarial también puede construirse desde la inclusión y el compromiso social”.
Gran Estación celebra veinte años como motor de crecimiento, referente urbano y espacio de inclusión. Su historia demuestra que el éxito de un centro comercial no depende solamente de su tamaño, sino de su capacidad para entender el entorno, anticipar los cambios y evolucionar con la ciudad. Ese es, en esencia, el ADN de Gran Estación.
Fuente; Mall & Retail.