En el contexto del retail colombiano, pocas marcas logran construir una identidad tan sólida como OMA. Nacida en 1968 en Bogotá, esta cadena no solo fue pionera en el concepto de café gourmet en el país, sino que durante décadas logró posicionarse como un referente urbano asociado a tradición, calidad y cercanía con el consumidor.

Hoy, cuando se acerca a sus 60 años de historia, la marca vuelve al centro de la conversación tras la convocatoria de la Superintendencia de Sociedades a una audiencia de confirmación de acuerdos de reorganización para su razón social, Rescafé, lo que plantea interrogantes sobre las razones que llevaron a esta compañía a un proceso de reestructuración empresarial.
OMA, cuyo nombre significa “abuela” en alemán, nació como una propuesta diferenciada en un mercado aún incipiente para el consumo de café premium. Su primer local, ubicado en la carrera 15 con calle 82 en Bogotá, marcó el inicio de un modelo que luego evolucionaría hacia una red de barras de café y restaurantes con presencia en puntos estratégicos como el Centro Internacional, el Aeropuerto El Dorado y grandes superficies. Esta expansión consolidó una marca con fuerte reconocimiento y una propuesta que combinaba experiencia, producto y conveniencia.
Durante los años noventa y dos mil, la compañía fortaleció su estructura con dos líneas de negocio claras: la industrial, a través de Toscafé como tostadora, y la operación comercial bajo Restcafé. Este modelo integrado le permitió capturar valor en toda la cadena, desde la producción hasta la experiencia final del consumidor, un enfoque que en su momento representó una ventaja competitiva frente a otros actores del mercado.
El punto de inflexión llegó en 2011 cuando la familia fundadora, encabezada por Enrique Martignon, vendió el control de la compañía al fondo centroamericano Mesoamérica. A través de su vehículo MesoFoods, el fondo adquirió el 85% de la empresa, dejando un 15% en manos de la familia original.
La apuesta era clara: capitalizar el posicionamiento de OMA, expandir su red —que ya superaba los 150 puntos— y potenciar nuevas oportunidades en el segmento de alimentos y bebidas.
Sin embargo, el tránsito de una empresa familiar a una estructura de capital privado implica desafíos relevantes. Los fondos de inversión operan bajo horizontes definidos de rentabilidad y salida, lo que suele traducirse en presiones por crecimiento acelerado, optimización de costos y expansión. En mercados altamente competitivos como el de café y consumo inmediato en Colombia, estas exigencias coinciden con la entrada de nuevos jugadores, tanto internacionales como locales, que han elevado los estándares de experiencia, diseño de tiendas y diversificación de portafolio.
A este contexto estratégico se suma un elemento determinante: el deterioro sostenido de su desempeño financiero. De acuerdo con el Mapa Nacional del Retail elaborado por Mall & Retail, OMA alcanzó su mejor nivel de ventas en 2017 con ingresos por $154.853 millones.

Sin embargo, para 2024 esta cifra se redujo a $54.645 millones, lo que representa una caída del 62% en apenas seis años. Esta contracción no solo evidencia una pérdida de participación en el mercado, sino también dificultades para sostener el tráfico y la rotación en sus puntos de venta. Más aún, la compañía viene registrando pérdidas de manera recurrente desde 2016, acumulando a 2024 un resultado negativo cercano a los $62.448 millones, lo que confirma un deterioro estructural en su rentabilidad y explica en buena medida la necesidad de acudir a un proceso de reorganización.
En este nuevo entorno, OMA ha debido enfrentar múltiples tensiones. Por un lado, la transformación del consumidor, con una mayor sofisticación en hábitos de consumo de café, impulsada por cadenas especializadas y el auge del café de origen. Por otro, el incremento en los costos operativos asociados a ubicaciones prime en centros comerciales y zonas urbanas, así como cambios en la dinámica del tráfico, especialmente tras la pandemia.

A esto se suma la necesidad de renovación de marca, inversión en tecnología y actualización del concepto de tienda, factores que requieren capital intensivo y ejecución consistente.
El proceso de reorganización empresarial de Rescafé debe leerse precisamente en este contexto. Más que una señal de inviabilidad inmediata, responde a la necesidad de ajustar la estructura financiera y operativa de la compañía frente a un entorno más exigente. Este tipo de procesos, supervisados por la Superintendencia, buscan preservar el valor de empresas con fundamentos de marca, reorganizar pasivos y permitir una continuidad del negocio bajo condiciones sostenibles.
OMA enfrenta así un momento decisivo. Su principal activo sigue siendo una marca profundamente arraigada en el consumidor colombiano, con décadas de reconocimiento y presencia en ubicaciones estratégicas. No obstante, el reto está en lograr una reinvención que le permita competir en un mercado donde la experiencia, la diferenciación y la eficiencia operativa son determinantes.
De cara al futuro, la evolución de OMA dependerá de su capacidad para redefinir su propuesta de valor, optimizar su red de puntos de venta y capitalizar su legado en un contexto donde el café dejó de ser solo un producto para convertirse en una experiencia. La reorganización en curso no marca el final de la marca, sino una nueva etapa en la que deberá demostrar si puede adaptarse a las nuevas reglas del retail y del consumo en Colombia.
Fuente: Mall & Retail