Durante décadas, el liderazgo empresarial en Colombia estuvo asociado a figuras masculinas, estructuras jerárquicas tradicionales y modelos de dirección concentrados en sectores como la banca, la industria o la construcción.

Sin embargo, en los últimos años, el avance de mujeres en posiciones de alta dirección ha comenzado a transformar no solo la composición de las juntas y los equipos ejecutivos, sino también la manera de entender la estrategia, la cultura organizacional y la relación de las marcas con los consumidores.
En el sector de restaurantes, donde la operación diaria exige lectura del mercado, capacidad de adaptación, sensibilidad frente al cliente y disciplina financiera, el liderazgo femenino está demostrando que no se trata de una tendencia simbólica, sino de una ventaja competitiva real.
El caso de Frisby y Burger King en Colombia permite observar dos formas distintas, pero complementarias, de liderazgo empresarial femenino. De un lado, Liliana Restrepo Arenas, presidente y cofundadora de Frisby S.A, representa la visión de largo plazo, la construcción de marca desde la región y la consolidación de una compañía nacional capaz de competir con multinacionales en el exigente mercado de comida rápida.
Del otro, Paola Beltrán, CEO de Burger King en Colombia, encarna el liderazgo de transformación, enfocado en reposicionar una marca global que atravesó momentos complejos y que hoy busca crecer a partir de la experiencia, la innovación y la construcción de valor.
Frisby es, en muchos sentidos, una historia empresarial que rompe paradigmas. Nacida en Pereira hace 50 años, la compañía logró convertir una idea regional en una de las cadenas de restaurantes más queridas del país. Su expansión proyecta cerrar el año con 300 puntos de venta en 61 municipios, 11 nuevas aperturas y 15 remodelaciones. Estas cifras no solo hablan de crecimiento, sino de consistencia estratégica. En un país donde muchas marcas regionales no logran superar las barreras de escala, Frisby ha construido una operación nacional que combina capilaridad, recordación de marca y una propuesta de producto profundamente conectada con el consumidor colombiano.
El liderazgo de Liliana Restrepo tiene un componente especialmente relevante: demuestra que la permanencia empresarial no depende únicamente de crecer rápido, sino de crecer con identidad. Frisby vende cerca de un millón de pollos al mes y factura alrededor de $1,3 billones anuales, con crecimiento a doble dígito.
Pero detrás de esas cifras existe una cultura empresarial basada en la confianza en el país, la generación de empleo, la calidad del producto y la defensa de una marca nacida en Colombia. En un mercado dominado por formatos internacionales, su principal fortaleza ha sido mantener al pollo como el centro de la propuesta, pero adaptarlo a nuevos hábitos de consumo mediante hamburguesas, nuggets, tenders y productos pensados para públicos jóvenes y ocasiones familiares.
La distinción recibida por Liliana Restrepo en Alimentec como Premio Vida y Obra no es solamente un reconocimiento individual. Es también una señal del papel que las mujeres han tenido en la construcción silenciosa de empresas de alto impacto en Colombia. Su liderazgo no se explica desde la coyuntura, sino desde la trayectoria. Frisby no es una marca que creció por una moda, sino por una visión sostenida durante cinco décadas. En tiempos en los que muchas compañías priorizan resultados de corto plazo, este caso recuerda que el verdadero liderazgo empresarial consiste en dejar una obra, formar equipos, generar confianza y convertir una marca en patrimonio emocional de los consumidores.
El caso de Burger King Colombia muestra otra dimensión del liderazgo femenino: la capacidad de reconstruir valor en medio de la adversidad. Hace siete años, la marca atravesaba un momento de incertidumbre tras la salida de Alsea como operador en el país. Con apenas 16 puntos de venta, una operación que requería reestructuración y una pandemia que golpeó duramente al sector gastronómico, el reto era enorme.

Hoy, bajo el liderazgo de Paola Beltrán, Burger King cuenta con 39 restaurantes en Colombia y avanza en una etapa de recuperación basada en innovación, experiencia de cliente y fortalecimiento de marca.
La estrategia de Beltrán partió de una lectura fundamental: competir únicamente por precio puede generar tráfico, pero no necesariamente construye valor. Burger King dependía en gran medida de promociones, descuentos y cupones, lo que impulsaba el volumen, pero debilitaba la percepción de marca. La decisión de reducir el protagonismo de las promociones y enfocarse en calidad, frescura, experiencia y personalidad de marca implicó un riesgo. Sin embargo, ese giro permitió que la cadena dejara de hablarle al consumidor solo desde la oferta y comenzara a conectar desde la identidad.
En la industria de restaurantes, esa diferencia es clave. Las marcas ya no compiten únicamente por ubicación, precio o producto. Compiten por relevancia cultural. Burger King entendió que debía recuperar una voz propia: irreverente, cercana, auténtica y capaz de participar en conversaciones cotidianas. Sus campañas en redes sociales han buscado algo más que viralidad: fortalecer el vínculo emocional con nuevas audiencias. Allí aparece una característica central del liderazgo moderno: no basta con administrar una operación; se requiere interpretar el comportamiento del consumidor, entender los códigos de comunicación y construir una marca con personalidad.
Tanto Frisby como Burger King enfrentan los mismos desafíos estructurales de la industria: presión sobre costos laborales, incremento en insumos, consumidores más exigentes, competencia intensa y necesidad permanente de innovación. Sin embargo, sus respuestas estratégicas son diferentes. Frisby apuesta por la expansión nacional, la remodelación de puntos, la fortaleza de su producto principal y la conexión familiar alrededor de ocasiones como el Mundial. Burger King, por su parte, avanza en la renovación de puntos de venta, la experiencia digital, la diferenciación de marca y la recuperación de rentabilidad a partir de una propuesta menos dependiente del descuento.

Lo interesante es que ambos casos revelan una nueva forma de liderazgo empresarial femenino que no se limita a la empatía, como muchas veces se reduce de manera superficial. En estas compañías, el liderazgo femenino se expresa en visión estratégica, disciplina comercial, capacidad de ejecución, manejo de crisis y construcción de cultura. Liliana Restrepo demuestra que una empresa puede crecer sin perder sus raíces; Paola Beltrán evidencia que una marca global puede reencontrar su lugar en el mercado local cuando entiende mejor al consumidor y se atreve a tomar decisiones difíciles.
Este fenómeno tiene implicaciones más amplias para el sector retail y gastronómico. La presencia de mujeres en posiciones de alta dirección no debe verse como una cuota reputacional, sino como una necesidad competitiva. Las empresas que incorporan miradas diversas en la toma de decisiones suelen comprender mejor a sus consumidores, anticipar cambios en los hábitos de compra y construir culturas organizacionales más flexibles. En restaurantes, donde buena parte de la decisión de consumo está asociada a experiencia, confianza, servicio y conexión emocional, esa sensibilidad estratégica puede marcar la diferencia.
Colombia necesita más historias empresariales como estas. No porque sean lideradas por mujeres como un hecho aislado, sino porque demuestran que el liderazgo femenino está participando activamente en la construcción de compañías rentables, queridas y sostenibles. Frisby y Burger King son dos marcas distintas en origen, escala y trayectoria, pero ambas coinciden en algo esencial: detrás de su crecimiento hay mujeres que han entendido que dirigir una empresa de restaurantes no es solo vender comida, sino construir confianza todos los días.
En un mercado cada vez más competido, el verdadero liderazgo no se mide únicamente por el número de aperturas, las ventas o los restaurantes en operación. Se mide por la capacidad de transformar una marca en una experiencia relevante para millones de consumidores. Liliana Restrepo y Paola Beltrán representan dos caminos de ese liderazgo: el de la fundadora que convirtió una empresa regional en ícono nacional, y el de la ejecutiva que asumió una marca global en proceso de recuperación para devolverle fuerza, voz y ambición. En ambas historias hay una lección poderosa para el empresariado colombiano: cuando las mujeres lideran con visión, estrategia y convicción, no solo transforman compañías; también transforman industrias.
Fuente: Mall & Retail