La coyuntura geopolítica en Venezuela, marcada por la operación militar emprendida por Estados Unidos que resultó en la captura del expresidente Nicolás Maduro, está reconfigurando no solo el panorama político regional, sino también las oportunidades económicas para Colombia, especialmente en el sector del comercio y el retail.

El anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de que EE. UU. “va a gobernar Venezuela” hasta que exista una transición “segura y ordenada” ha generado un amplio debate global sobre soberanía y legalidad, pero también abre escenarios potenciales de estabilidad y recuperación del mercado venezolano tras años de una crisis profunda.
La historia comercial entre Colombia y Venezuela explica con claridad la magnitud de lo que hoy está en juego. Antes de la ruptura diplomática y del colapso económico venezolano, el país vecino llegó a ser uno de los principales destinos de las exportaciones colombianas, con una canasta diversa que incluía alimentos, textiles, confecciones, calzado, electrodomésticos y vehículos. Para muchas empresas, Venezuela no era un mercado marginal, sino un socio estratégico que sostenía empleo formal y escalas de producción competitivas en Colombia.
En 2008, las exportaciones colombianas hacia ese país superaron los US$6.000 millones, representando una proporción significativa del total de exportaciones nacionales, con una amplia oferta de productos que iba desde alimentos hasta bienes manufacturados.
El quiebre se produjo con la instauración de un modelo económico caracterizado por una fuerte intervención estatal, controles de precios, expropiaciones y la pérdida de autonomía institucional. El sector retail fue uno de los más golpeados. Uno de los casos más emblemáticos fue la expropiación de Almacenes Éxito en Venezuela, operación que hacía parte de la red de Cativen, controlada en ese momento por capital internacional. La nacionalización de estas tiendas, bajo acusaciones de especulación y acaparamiento, marcó un punto de quiebre no solo económico, sino también simbólico, al enviar una señal clara de inseguridad jurídica para la inversión extranjera y regional.
El resultado fue devastador. Cadenas de retail, centros comerciales y proveedores perdieron activos, operaciones y mercados construidos durante décadas. La posterior creación de Abasto Bicentenario, bajo control estatal, derivó en ineficiencia, desabastecimiento y, finalmente, en su cierre definitivo, confirmando el deterioro del aparato comercial. A esto se sumaron los racionamientos eléctricos, que vaciaron centros comerciales, limitaron los horarios de operación y deterioraron la experiencia de consumo. Venezuela pasó, en menos de dos décadas, de ser un hub regional del retail a un mercado prácticamente paralizado.
Para las empresas colombianas, el impacto fue doble. Por un lado, la pérdida de un mercado natural obligó a acelerar procesos de internacionalización hacia Centroamérica y otros destinos. Marcas de moda, calzado y accesorios lograron adaptarse y hoy cuentan con operaciones internacionales relevantes. Por otro, quedó una lección clara sobre los riesgos de operar en entornos sin reglas claras, donde la empresa privada se convierte en un objetivo político.

Sin embargo, desde la reapertura formal de la frontera en 2022, las cifras comerciales muestran una recuperación sostenida. Entre octubre de 2022 y julio de 2025, el comercio bilateral alcanzó los US$2.789 millones, con un fuerte superávit para Colombia. El crecimiento registrado en 2025 fue de alrededor del 10 % al 12 %, impulsado por las exportaciones colombianas en sectores como alimentos, plásticos, productos químicos y manufacturas ligeras, consolidando nuevamente a Venezuela como un mercado estratégico.

La gradual normalización comercial ha tenido un impacto concreto en el sector retail. Marcas colombianas icónicas como Mario Hernández, Lili Pink, Protela, Coltejer y Lafayette han recuperado presencia en el mercado venezolano o han reforzado sus exportaciones y redes de venta, beneficiándose del restablecimiento de la conectividad terrestre y aérea entre Bogotá, Medellín y las principales ciudades venezolanas.
Adicionalmente, la entrada o el retorno de marcas internacionales, como Inditex —con Zara, Bershka y Pull&Bear—, así como los planes de llegada de H&M al país vecino, refuerzan un entorno de crecimiento en el que el comercio formal y las compras en centros comerciales vuelven a consolidarse como vectores de revitalización económica.
En este contexto, la restauración de la democracia en Venezuela adquiere una dimensión económica estratégica para Colombia. No se trata únicamente de recuperar cifras de exportación, sino de reconstruir cadenas productivas, fortalecer la industria nacional y devolverle al retail su papel como integrador regional.
La experiencia de las expropiaciones y del colapso del comercio venezolano deja una enseñanza contundente: sin empresa privada, sin seguridad jurídica y sin economía de mercado, el consumo desaparece y con él millones de empleos.
Si la transición logra consolidarse, Venezuela puede volver a ser un mercado clave para el retail colombiano. La cercanía geográfica, la afinidad cultural y la complementariedad productiva convierten esta coyuntura en una de las mayores oportunidades económicas para Colombia en los próximos años, siempre que se actúe con visión estratégica, prudencia y memoria histórica.
Fuente: Mall & Retail