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CIUDADELA METRóPOLIS: LA RENOVACIóN URBANA QUE PUEDE REACTIVAR EL TRáFICO Y LAS VENTAS DEL CENTRO COMERCIAL

Bogotá está entrando en una fase distinta de transformación urbana: ya no se trata solo de construir infraestructura de transporte, sino de usarla como columna vertebral para reordenar vivienda, comercio y espacio público.

En ese giro, la Ciudadela Metrópolis vuelve al centro de la conversación porque el Distrito está aplicando un nuevo esquema en el que TransMilenio asume un rol ampliado como gestor urbano, habilitando proyectos inmobiliarios alrededor de corredores troncales y estaciones, con reglas y trámites diseñados para acelerar la renovación de entornos estratégicos.

 

Para la industria de centros comerciales, esto significa que la competitividad ya no se define únicamente por la mezcla comercial y el mercadeo: el entorno urbano y la calidad de la conectividad se convierten en variables decisivas para el tráfico y las ventas.

 

La apuesta se resume en una idea práctica: acercar la vida diaria al transporte público. Bajo el programa #TransMiConstruyeCiudad, el objetivo es promover vivienda bien localizada, actividad económica y nuevo espacio público en zonas próximas a la infraestructura del sistema, con procesos más ágiles, normas claras y mayores posibilidades de edificabilidad, sin necesidad de plan parcial en ciertos casos.

En la práctica, esto abre la puerta a intervenir predios del sistema (estaciones, patios y suelos remanentes) y también lotes privados cercanos a los corredores, convirtiendo a TransMilenio en un actor que, además de operar la movilidad, participa en la sostenibilidad del sistema mediante el aprovechamiento del suelo. El mensaje de fondo es técnico, pero fácil de leer: mejor uso del suelo, mayor densidad donde hay transporte de calidad y un tejido urbano más activo que sostenga el comercio de proximidad.

 

En ese marco, el proyecto “Metrópolis” aparece como caso piloto de alto impacto sobre la Avenida 68. Se proyecta una renovación profunda del conjunto residencial construido en los años 80, con la sustitución de parte de las estructuras actuales por un desarrollo de mayor densidad: seis torres entre 25 y 29 pisos y cerca de 2.450 viviendas. En términos de ciudad, esta operación busca consolidar un barrio de usos mixtos, con más residentes a distancia caminable del transporte masivo y con una planta baja activa que aporte vitalidad, iluminación y mayor percepción de seguridad urbana.

Para entender por qué esto es tan relevante, vale recordar el ADN del Centro Comercial Metrópolis. Su historia está ligada a los grandes corredores viales de Bogotá y a una lógica de “ciudadela comercial” que, desde su origen, buscó ser un punto de encuentro barrial y metropolitano.

 

Durante años, su ubicación le permitió atraer tráfico por conveniencia y por destino, apoyado en entretenimiento y servicios que complementaban la compra tradicional. Sin embargo, como ocurre con muchos activos maduros, el crecimiento de la competencia, los cambios en los hábitos de consumo y la evolución de la ciudad fueron reduciendo su tracción comercial, llevando al centro comercial a una etapa de desgaste que obligó a sus propietarios a impulsar un proceso de modernización.

 

Hay un punto clave para la industria: cuando un proyecto urbano promete “barrios más activos” y “calles más seguras” alrededor del transporte, el centro comercial deja de ser una isla y se convierte en una pieza de red. 

Para Metrópolis, esto puede traducirse en mayor permanencia y frecuencia de visita si logra conectar su oferta con necesidades diarias y con una agenda de servicios que responda a las familias que vivirán más cerca. Al mismo tiempo, el centro comercial tendrá que gestionar con rigor los efectos de corto plazo: ruido, desvíos, cambios de flujo y percepción de dificultad de acceso durante las etapas de obra y reordenamiento vial en la Avenida 68.

 

Eso implica integrarse mejor con el espacio público, abrir frentes más amables y pensar la experiencia no solo puertas adentro, sino también en la transición con el barrio.

Finalmente, el componente de vivienda bien localizada y el vínculo con instrumentos de priorización para vivienda social y prioritaria alrededor de estos proyectos introduce una variable adicional: una base de consumidores más diversa y con patrones de gasto distintos. Esto exige una mezcla comercial equilibrada y una estrategia clara de precios, promociones y conveniencia, sin perder anclas tradicionales ni el rol metropolitano del activo. El centro comercial que se prepare para esa demanda, con precisión operativa y lectura del entorno, tendrá una ventaja: el incremento de población cercana eleva el “mercado natural” del mall y reduce su dependencia de visitas esporádicas.

 

No obstante, una visita a las instalaciones del Centro Comercial Metrópolis evidencia una realidad retadora: a pesar de las inversiones millonarias, se observan numerosos locales desocupados y un tráfico muy limitado. Ese contraste confirma que el activo está en una fase de maduración compleja, donde las mejoras internas, por sí solas, ya no alcanzan para recuperar tracción comercial. 

En este escenario, la renovación urbana anunciada por la Alcaldía —al aumentar la densidad residencial, ordenar el espacio público y mejorar la conectividad con el transporte— se convierte en la palanca crítica para que más personas lleguen a la zona de influencia con capacidad de compra, vitalicen el entorno y mejoren el tráfico y las ventas del centro comercial. 

 

Si Metrópolis quiere completar su maduración y recuperar una ocupación sostenible, esta renovación urbana no es un complemento: es la ruta decisiva y, en la práctica, la alternativa más contundente para reactivar el activo en el nuevo ciclo urbano de Bogotá.

 

Fuente: Mall & Retail