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ZARA CIERRA SU PRIMERA TIENDA Y CONFIRMA EL GIRO HACIA EL RETAIL DE GRAN FORMATO Y EXPERIENCIA

Zara está a punto de cerrar un local que, más que una tienda, funciona como un símbolo de origen. El 30 de enero de 2026 bajará la persiana el primer punto de venta de la marca, en la calle Juan Flórez de A Coruña, el mismo lugar donde comenzó a construirse el modelo que transformó la moda española y luego se volvió global. 

El anuncio tiene un peso emocional evidente, pero en clave retail es, sobre todo, una señal nítida: Inditex está cerrando el ciclo “fundacional” para acelerar una arquitectura comercial de mayor escala, más tecnología y más experiencia. 

 

Durante el último año, ese espacio operó como un punto conmemorativo por el aniversario número cincuenta, con una puesta en escena casi museística que reforzó el vínculo entre marca y ciudad. Sin embargo, el mensaje corporativo al equipo fue directo: el cierre se concretará y el personal será reubicado, sin que esto signifique una salida de Zara de su plaza natal. En otras palabras, no es un retiro; es una reorganización de red con un criterio muy concreto de productividad por superficie, capacidad de exhibición y actualización del formato. 

 

La razón operativa es clara: el local de Juan Flórez, con una superficie aproximada entre 300 y 350 metros cuadrados, no corresponde al estándar de tienda que Zara prioriza hoy. 

El formato actual apunta a espacios donde quepan, de manera integral, las colecciones de mujer, hombre y niños, e incluso categorías complementarias, con un recorrido de compra más fluido y con infraestructura tecnológica integrada. Para el consumidor, esto se traduce en más disponibilidad en un solo lugar; para la marca, en mejor rotación, menos quiebres de inventario visibles y una experiencia más consistente con lo digital.

El cierre, además, encaja con una tendencia que Inditex viene ejecutando desde hace varios años: menos tiendas, pero más superficie comercial total y más potencia por ubicación. En los resultados consolidados de los nueve primeros meses de 2025, el grupo reportó operar 5.527 tiendas a cierre del período; y al final del ejercicio 2024, 5.563 tiendas. La lectura es que la compañía no está “apagando” su presencia física: está concentrándola en puntos más fuertes, con mayores capacidades para integrar producto, servicios y marca en un mismo entorno. 

 

Esta transición se ha vuelto más visible en la etapa reciente de dirección, donde el diseño del espacio, la arquitectura y la imagen en tienda ganan protagonismo como activos de negocio. Inditex está convirtiendo algunas ubicaciones estratégicas en verdaderas vitrinas de marca, con reformas profundas en arterias comerciales de alto flujo. No se trata solo de “una tienda bonita”: el objetivo es que el punto de venta sea un medio de comunicación, una plataforma de lanzamiento y un lugar donde el cliente sienta que vale la pena desplazarse, permanecer y volver. 

En este contexto, que se cierre la tienda histórica es coherente. El local funcionó como laboratorio en 1975: allí se probó un método que combinaba velocidad de respuesta al mercado, diseño inspirado en tendencias y accesibilidad de precio. Pero hoy el reto no es demostrar que el modelo funciona; es sostenerlo en un entorno de consumidores más exigentes, con hábitos híbridos, comparaciones instantáneas en línea y expectativas de servicios añadidos. La tienda pequeña, por icónica que sea, tiene límites físicos para desplegar todo el “universo Zara” y para soportar la operación tecnológica que la marca quiere estandarizar. 

El detalle más interesante es la sincronía del reemplazo: al día siguiente del cierre, el 31 de enero, Zara abrirá un Zacaffè dentro de su tienda de la calle Compostela, a pocos minutos de distancia. En términos estratégicos, es un gesto muy preciso: se cierra el origen “comercial” y se abre una capa “experiencial” que prolonga la visita y amplía el significado del espacio. La cafetería deja de ser un complemento decorativo y se vuelve parte del argumento de permanencia, algo especialmente valioso en zonas donde el tráfico ya no se disputa solo por precio o moda, sino por tiempo de estancia y recordación.

 

Para centros comerciales y comercios en general, el caso Zara deja tres aprendizajes prácticos. Primero, la productividad ya no depende únicamente de abrir más puertas, sino de optimizar formatos con mayor capacidad de surtido, mejor logística y mejor narrativa de marca. Segundo, la tienda física sigue siendo crítica, pero debe justificar su existencia como “experiencia completa”, no como simple punto de transacción. Y tercero, la nostalgia vende… pero solo si se convierte en estrategia: el museo temporal fue una despedida inteligente que capitalizó historia y reputación antes de dar paso al nuevo modelo. 

En síntesis, el cierre de Juan Flórez no es una renuncia a la historia, sino una decisión de portafolio de tiendas: salir de un formato que ya no encaja para invertir en espacios más grandes, más integrados y más capaces de unir producto, servicio y experiencia. A Coruña no pierde a Zara; presencia un cambio de era: del comercio tradicional a la tienda como plataforma, donde lo que se vende no es solo ropa, sino tiempo, marca y una experiencia diseñada para competir en un mercado global cada vez más exigente. 

 

Fuente: Mall & Retail