El reciente y desmesurado incremento del salario mínimo en Colombia, si bien responde a una legítima preocupación social por el poder adquisitivo de los trabajadores, ha generado un impacto significativo y profundo en sectores intensivos en mano de obra. Uno de los más afectados ha sido el de los centros comerciales, donde el rubro de personal representa aproximadamente el 40% del presupuesto operativo anual.

Una presión directa sobre la estructura de costos.
Los centros comerciales no operan únicamente como espacios inmobiliarios; funcionan como ecosistemas complejos que demandan personal permanente en áreas como seguridad, aseo, mantenimiento, administración, operación técnica y atención al cliente. El aumento del salario mínimo no solo incrementa el costo base de la nómina, sino que arrastra consigo cargas prestacionales, parafiscales y costos indirectos que amplifican el impacto financiero.
Este ajuste, aplicado en un corto plazo y sin una transición gradual, ha tensionado severamente los flujos de caja y ha reducido los márgenes operativos.
Retorno forzado a una lógica de eficiencia tipo pandemia
Ante este escenario, muchas juntas directivas se han visto obligadas a tomar decisiones similares a las implementadas durante la pandemia del COVID-19: volver a operar bajo una lógica extrema de eficiencia.
Entre las principales medidas adoptadas se destacan:
•Revisión y optimización de contratos de servicios tercerizados.
•Reestructuración de turnos y esquemas operativos.
•Incorporación de tecnología para reducir dependencia de mano de obra (automatización, control remoto, digitalización de procesos).
•Repriorización del gasto y postergación de inversiones no críticas.
•Renegociación de condiciones con proveedores y aliados estratégicos.


Estas decisiones, aunque necesarias, no están exentas de riesgos operativos y reputacionales si no se gestionan con rigor técnico y visión de largo plazo.
Un reto para la sostenibilidad del modelo
El desafío no radica únicamente en absorber el impacto inmediato, sino en preservar la sostenibilidad del modelo de negocio. Un incremento desalineado entre salarios, productividad y crecimiento económico puede erosionar la competitividad del sector, limitar la generación de empleo formal y reducir la capacidad de inversión en experiencia, seguridad y modernización de los activos.
Los centros comerciales cumplen un rol clave en la economía urbana: generan empleo, dinamizan el comercio formal y aportan a la seguridad y cohesión social. Su debilitamiento estructural tiene efectos colaterales que van más allá del balance financiero.
El debate sobre el salario mínimo debe trascender lo político y abordarse desde una perspectiva técnica y sistémica, considerando el impacto real sobre los sectores productivos. Para los centros comerciales, el camino inmediato ha sido la eficiencia forzada; el reto de fondo será encontrar un equilibrio entre responsabilidad social, viabilidad financiera y productividad.
La experiencia de la pandemia demostró que el sector es resiliente. Sin embargo, la resiliencia no puede convertirse en un estado permanente de ajuste defensivo. Se requiere diálogo, planeación y políticas que promuevan crecimiento sostenible, no solo incrementos nominales.
Fuente: Miguel Ángel Pardo para Mall & Retail.