La entrada de inversionistas de China a marcas deportivas dejó de ser un hecho excepcional y se convirtió en una señal estructural de cómo se está reordenando el negocio global del deporte. El crecimiento ya no se juega únicamente en diseño y mercadeo, sino también en el control accionario de jugadores clave que garanticen distribución, velocidad de abastecimiento y disciplina financiera.

En ese contexto se ubica el acuerdo de Anta Sports Products, el mayor fabricante de ropa deportiva de China, que comprará el 29,06% de Puma a Groupe Artémis por 1.500 millones de euros, pagando 35 euros por acción, una prima cercana al 62% frente al último cierre. Con esta operación, Anta se convierte en el mayor accionista de la marca alemana y prevé cerrar la transacción hacia finales de 2026, sujeta a aprobaciones regulatorias y corporativas.
Desde el punto de vista de gobierno corporativo, la operación no corresponde a una adquisición total, sino a una participación estratégica relevante. Esto le otorga a Anta influencia corporativa y la posibilidad de incidir en decisiones de largo plazo, sin asumir —al menos por ahora— el control operativo pleno. Para Puma, el ingreso de un accionista de este tamaño ocurre en un momento de recomposición interna, con ajustes en su equipo directivo y una búsqueda explícita por recuperar tracción comercial tras varios trimestres de presión en ventas y rentabilidad.
Antes de analizar los efectos locales, es clave ubicar a Puma dentro del mapa competitivo mundial. En la industria deportiva global, la marca alemana ocupa una posición intermedia claramente definida: es un actor relevante y con alcance internacional, pero con una escala menor frente a los dos grandes líderes del sector, Nike y adidas. Esta diferencia de tamaño no anula su relevancia, pero sí hace que variables como abastecimiento, surtido, ejecución en tiendas y consistencia comercial tengan un impacto proporcionalmente mayor en su desempeño. Por eso, el mercado interpreta la entrada de Anta no solo como una inversión financiera, sino como una posible palanca para fortalecer esas capacidades.
Anta llega a esta operación con una trayectoria clara en estrategias multimarca. En la última década ha construido un portafolio que combina marcas locales de gran volumen con activos internacionales de posicionamiento más alto, apoyándose en eficiencia industrial, control de cadena de suministro y conocimiento profundo del consumidor asiático. Esa experiencia es precisamente la que el mercado espera que se traduzca en valor para Puma, especialmente en regiones donde la ejecución y la velocidad son determinantes para sostener participación.


En Colombia, el impacto no debería verse de forma inmediata en la vitrina ni en la operación diaria. Puma es manejada a través de un distribuidor autorizado (Acqua Marketing Colombia S.A.S.), que operara una red de más de 33 tiendas y una operación de comercio electrónico asociadacon tiendas en centros comerciales. Sin embargo, en el mediano plazo, la nueva estructura accionaria puede influir en decisiones relacionadas con surtido, calendarios de producto, reposición y exigencias comerciales hacia los canales. En un mercado donde el tráfico es cada vez más selectivo, una mejor disponibilidad de producto y lanzamientos más consistentes pueden marcar diferencias relevantes en rotación y ventas por metro cuadrado.
Al mismo tiempo, existen riesgos que deben leerse con prudencia. La entrada de Puma al portafolio de Anta incrementa la complejidad organizacional y exige foco directivo adicional. Si esa mayor carga estratégica no se gestiona con claridad, puede generar tensiones internas o ralentizar decisiones clave. No se trata de un riesgo financiero inmediato, sino de uno asociado a la capacidad de ejecución en una industria donde la velocidad sigue siendo una ventaja competitiva central.
En síntesis, la llegada de Anta como mayor accionista de Puma no cambia de inmediato la operación en Colombia, pero sí puede influir en cómo se gestiona la marca en los próximos años. Para el retail colombiano, la señal es clara: en deporte, la competencia se está definiendo menos por narrativa y más por capacidad de ejecutar bien lo básico —producto a tiempo, surtido correcto y experiencia consistente—. Quienes logren hacerlo de forma sostenida serán los que capturen el tráfico de mayor calidad en un entorno cada vez más exigente.
Fuente: Mall & Retail