El centro comercial más grande del mundo es el Iran Mall. El complejo alcanza una superficie total construida cercana a los 2 millones m2, una escala sin precedentes en la industria. En sus primeras fases operativas concentra una superficie comercial (GLA) estimada en torno a los 260.000 m², más de 700 tiendas activas, con planes de expansión hacia cerca de mil locales, y un sistema de parqueaderos que supera las 20.000 plazas.

Estos indicadores lo posicionan muy por encima de cualquier otro activo retail existente, no solo por número de tiendas, sino por la dimensión física total del proyecto y su capacidad de absorción de flujos.
Más allá del tamaño, la principal fortaleza de Iran Mall está en su concepto de uso mixto a gran escala. El proyecto no se limita al retail tradicional: combina comercio, entretenimiento, cultura, deporte, hotelería y convenciones en un solo activo.
Entre sus anclas se encuentran un hipermercado de gran formato, complejos de cine con tecnología IMAX, una extensa oferta gastronómica, y espacios culturales como bibliotecas monumentales, museos y teatros con capacidad para cerca de 2.000 espectadores.
A esto se suman instalaciones deportivas —pistas de hielo, piscinas y áreas de entrenamiento— que amplían el tiempo de permanencia y diversifican los motivos de visita. Esta mezcla reduce la dependencia exclusiva del consumo y posiciona al centro comercial como un destino urbano integral.
La comparación con Colombia permite dimensionar la brecha de escala. Viva Envigado, el centro comercial más grande del país, cuenta con un área construida cercana a los 280.000 m² y una GLA aproximada de 160.000 m². En términos prácticos, Iran Mall multiplica por siete veces la superficie total de Viva Envigado y casi duplica su área comercial alquilable solo en las fases iniciales. Esta diferencia no es solo cuantitativa: implica niveles de inversión, complejidad operativa y gestión de flujos que sitúan a ambos proyectos en categorías estructuralmente distintas dentro del negocio de centros comerciales.


Finalmente, el desarrollo de un proyecto de esta magnitud en un país con una historia marcada por conflictos y sanciones responde a una lógica económica más que simbólica. En contextos de restricciones financieras internacionales, inflación y volatilidad cambiaria, el capital local tiende a refugiarse en activos físicos de gran escala, como el desarrollo inmobiliario. Además, la dificultad para invertir en el exterior canaliza recursos hacia proyectos internos que combinan generación de empleo, infraestructura urbana y posicionamiento de ciudad. Iran Mall surge así como una plataforma de inversión doméstica, impulsada por crédito local y por la necesidad de crear destinos multifuncionales que concentren consumo, ocio y servicios en una megaurbe como Teherán.
Desde la óptica del retail, más que una anomalía geográfica, el proyecto es el reflejo de cómo ciertos contextos económicos y políticos pueden acelerar desarrollos inmobiliarios extremos.
Fuente: Mall & Retail