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COLOMBIA FORTALECE SU POSICIóN EN EL SISTEMA DE MODA Y ESTADOS UNIDOS IMPULSA LA RECUPERACIóN MUNDIAL

En 2026, la industria de la moda se debe analizar con un doble lente: por un lado, la recuperación del consumo y recuperaciones de los canales de venta; por el otro, una cadena de abastecimiento global que se reacomoda por costos, riesgos y velocidad. En ese tablero, Colombia aparece con una característica particular: no es solamente un mercado final, tampoco es únicamente un país productor. Está en la mitad de ambas fuerzas, y por eso su desempeño local se conecta cada vez más con lo que pase en Estados Unidos, en Asia y en la región.

Colombia: el sistema moda creció más de lo esperado y sorprendió al consumo

 

En Colombia, el balance de 2025 fue mejor de lo que se esperaba. El sistema moda superó los $36,72 billones entre enero y diciembre, con un crecimiento anual de 10,25% y un avance real de 6,46%, mientras los precios crecieron 3,53%. 

 

Esa recuperación del gasto convivió con una dinámica productiva que también mejoró, aunque con una señal clave: la industria fabricó más rápido de lo que el comercio vendió. Los indicadores manufactureros mostraron una recuperación gradual en 2025: el índice de producción de prendas de vestir subió 9,8% en enero–noviembre (frente al mismo periodo de 2024), mientras el índice de ventas avanzó 4,8%. En la práctica, esto sugiere empresas recomponiendo inventarios y ajustando surtido para capturar demanda futura, pero también indica que la presión competitiva no permitió trasladar toda la mejora industrial a la caja del retail con la misma intensidad. 

El punto más sensible para la industria colombiana estuvo en la competencia importada. Las importaciones de confecciones crecieron con fuerza en 2025 (proyección cercana a 19% en valor), apalancadas por proveedores asiáticos y por el empuje del comercio electrónico internacional, que baja el costo unitario percibido y acelera el “cambio de marca” cuando el comprador siente que su presupuesto se estrecha. 

 

Mientras tanto, las exportaciones crecieron de forma moderada, con avances en valor y volumen, confirmando que el país sí puede vender afuera, pero que necesita sofisticar oferta, diferenciarse y ganar agilidad comercial para que ese crecimiento no sea solo marginal.

Estados Unidos: el motor que arrastra la recuperación de la moda mundial

 

En Estados Unidos, el panorama fue el de un mercado que volvió a empujar al retail desde la moda. Las ventas minoristas del sector cerraron 2025 con un crecimiento de 5,5% y una facturación de 320.356 millones de dólares, con un diciembre especialmente fuerte (42.025 millones, +5,4% interanual). Lo relevante no es solo el tamaño, sino la señal: la moda creció casi dos puntos por encima del promedio del comercio minorista, que avanzó 3,7% en el año. Ese desempeño, además, no fue lineal: el segundo semestre marcó el quiebre, con picos en julio (+8,5%) y agosto (+7,4%), y una recta final sólida por Black Friday y el adelantamiento de compras navideñas.

 

Para Colombia, Estados Unidos no es únicamente un termómetro de confianza del consumidor global; es un destino y un filtro. Estados Unidos se mantuvo como principal destino de la moda colombiana, pero redujo compras en 2025, con caídas en textiles y confección. 

Esa combinación (Estados Unidos creciendo en ventas internas, pero comprando menos a Colombia) obliga a una lectura fría: o la canasta importada se reasignó a otros orígenes por precio y escala, o el tipo de producto colombiano no capturó el crecimiento donde más se expandió la demanda. En ambos casos, el mensaje es el mismo: para competir en el mercado estadounidense no basta con “estar”, hay que calzar mejor en surtido, tiempos y propuesta de valor, especialmente cuando el consumidor premia la novedad y el precio justo, pero castiga la inconsistencia de tallaje, entrega o calidad.

 

Colombia: oportunidades como bisagra de la región entre producción y consumo global

 

Y aquí aparece la tercera idea: Colombia como mercado bisagra para la moda entre producción regional y consumo global. El país combina tres atributos que, juntos, explican su valor estratégico. Primero, una base de consumo relevante y concentrada en grandes núcleos urbanos, capaz de absorber marcas internacionales y, al mismo tiempo, sostener jugadores locales con escala. 

 

Segundo, una estructura productiva con tradición textil y confección, que puede responder a pedidos regionales y a nichos especializados. Tercero, una arquitectura de integración comercial construida sobre tratados y relaciones que conectan con Norteamérica, Europa y Latinoamérica, lo que facilita pensar el país como “plataforma” y no solo como “plaza”.

 

Esa condición bisagra se vuelve más importante cuando el mapa global se fragmenta: las compañías buscan diversificar riesgos, reducir dependencias y acercar parte de la producción a los mercados, sin renunciar a la eficiencia. Colombia puede jugar en ese espacio como articulador de operaciones regionales: producir para la región, importar para abastecer el canal con variedad, y servir de laboratorio para probar formatos, precios y experiencias omnicanal que luego se escalan a otros países. 

 

En ese sentido, no es casual que el desempeño exportador muestre señales de diversificación de destinos (con Venezuela y Perú ganando protagonismo) mientras el frente importador evidencia competencia creciente: el país está “conectado” en doble vía, y por eso siente más rápido los cambios de tendencia, precio y logística.

La agenda 2026, entonces, no se define por una demanda apagada, sino por sensibilidad del gasto y por la velocidad del entorno competitivo. Para marcas y comercios, el reto es quirúrgico: afinar surtido (más momentos de uso, más categorías ganadoras), sostener una promesa de valor verificable (calidad, duración, ajuste, servicio) y leer el país por ciudades, porque el crecimiento no se distribuye igual en todas las plazas. Para la industria, el desafío es elevar productividad y respuesta rápida sin sacrificar diferenciación, y convertir la “bisagra” en estrategia: producir con foco, vender con precisión y conectarse con el consumo global sin depender de una sola puerta de entrada.

 

Fuente: Mall & Retail.

 

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