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CARNAVAL DE BARRANQUILLA: EL MOTOR ECONóMICO QUE DINAMIZA TURISMO, COMERCIO Y CENTROS COMERCIALES

El Carnaval de Barranquilla no es solo una celebración: es una “evento de ciudad” que, en pocos días, acelera el turismo, la ocupación hotelera, el transporte, la gastronomía, el comercio y la economía popular. Para dimensionarlo con cifras, las proyecciones oficiales y mediciones locales ya venían ubicando el impacto en alrededor de $880.000 millones y más de 193.000 empleos directos e indirectos generados, lo que explica por qué el Carnaval se gestiona como un proyecto anual y no como una fiesta de fin de semana.

La “caja registradora” del Carnaval se alimenta, principalmente, del visitante. En 2025, el Distrito reportó que un turista nacional gastó en promedio $2.400.000 y el internacional $3.100.000, con ocupación hotelera del 100% en los días principales, datos que muestran cómo el consumo se distribuye entre alojamiento, comidas, movilidad, entretenimiento y compras de temporada. Con ese patrón, el reto para 2026 no es atraer gente —porque llega—, sino capturar más gasto por visita y ampliar el radio de consumo más allá de la Vía 40. 

 

El termómetro del poder de compra también se ve en los precios de experiencias pagas. En la boletería oficial de eventos del Carnaval 2026 hay entradas generales de precarnaval en rangos accesibles (por ejemplo, $40.000 en “full” para la Lectura del Bando) y, al mismo tiempo, formatos de alta gama para el desfile: una plataforma VIP en Batalla de Flores aparece con precio total cercano a $2.186.000 (boleto + servicio), evidencia de que el Carnaval opera en segmentos muy distintos y que la ciudad monetiza desde el plan familiar hasta la experiencia corporativa.

En ese escenario, los centros comerciales se preparan con una lógica clara: convertirse en “estación de Carnaval” para compras, servicios y agenda cultural, capturando tráfico antes y después de los eventos masivos. Portal del Prado estructuró una campaña transaccional directa: por compras acumulables desde $400.000 (o $900.000 en Sao, con reglas por factura), los clientes reclaman un Kit Tradición de Marimonda, además de programación temática para sostener permanencia y repetir visita durante el pico de temporada. 

A la par, la estrategia se apoya en actividades que conectan con familias y niños, donde el centro comercial funciona como escenario seguro y climatizado para vivir Carnaval sin depender del desplazamiento a desfiles. En la agenda oficial del Carnaval se programó, por ejemplo, un “Paco Paco al Parque” en el Centro Comercial Villa Country, llevando entretenimiento infantil al formato comercial como parte del calendario urbano. 

 

Otros activos están empujando la temporada desde activaciones con enfoque de marca y “compra inducida”. Centro Comercial Plaza del Parque comunicó una mecánica de incentivo por compras (desde $150.000) asociada a un “pop up” de experiencia para vestirse de Carnaval, reforzando la categoría moda y complementos, que es la más sensible al “estrenar” típico de la fiesta. Y en Viva Barranquilla, el centro comercial viene publicando sus “imperdibles” y agenda de temporada como parte del plan de activación, alineando comercio y experiencia para aprovechar el aumento de flujo en febrero. 

Un capítulo clave en la estrategia comercial de la temporada es la ambientación de los malls, que deja de ser ornamental para convertirse en una herramienta de mercadeo experiencial. Durante el Carnaval, los centros comerciales de Barranquilla transforman sus plazas centrales y pasillos con escenografías de gran formato inspiradas en marimondas, monocucos, congos y garabatos, incorporando estructuras aéreas, telas multicolor, iluminación cálida y puntos fotográficos diseñados para circulación en redes sociales. 

Estas intervenciones no solo elevan el tiempo de permanencia —al generar recorridos temáticos y zonas “instagrameables”— sino que inducen tráfico hacia categorías específicas como moda, accesorios y belleza.

 

En categorías de consumo inmediato, el Carnaval suele “mover la aguja” con fuerza, especialmente en gastronomía y bebidas. Para la temporada, el gremio comercial de la ciudad ha señalado que algunos establecimientos pueden registrar incrementos de hasta 40% frente a una semana normal, impulsados por la llegada de visitantes y el mayor flujo en zonas de alta concentración comercial. 

 

En restaurantes, medios regionales han reportado aumentos de 60% a 70% en ventas en días de alta actividad carnavalera (Guacherna y conciertos), lo que explica por qué patios de comida y corredores gastronómicos se vuelven “anclas” de tráfico en esta semana. 

En síntesis, el Carnaval mueve la economía barranquillera porque transforma la ciudad en un destino de alta rotación de gasto y, por eso, los centros comerciales están actuando como plataformas de captura: incentivos por compras, programación cultural y planes familiares, todo diseñado para que la visita no sea solo “paso”, sino permanencia, consumo y recurrencia en la semana más rentable del calendario local.

 

Fuente: Mall & Retail.

 

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