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BOGOTá SE PONE DE MODA EN CALZADO: EL INTERNATIONAL FOOTWEAR & LEATHER SHOW MARCA EL INICIO DEL AñO PARA LA INDUSTRIA

Cada febrero, el calzado vuelve a instalarse en la agenda nacional porque Bogotá se convierte en el principal punto de encuentro de la cadena: fabricantes, marcas, proveedores de insumos, maquinaria y tecnología se reúnen alrededor de una nueva edición del International Footwear & Leather Show (IFLS) y la Exhibición Internacional del Cuero e Insumos, Maquinaria y Tecnología (EICI). Más que una feria, este espacio funciona como el arranque comercial del año para un sector que mide allí el pulso de los pedidos, la innovación y la capacidad de competir en un mercado donde el consumo se mantiene, pero la presión por precio y la disputa con la informalidad siguen marcando el terreno.

El consumo per cápita de calzado en Colombia en 2025 confirma que el mercado se mantiene estable en volumen, pero todavía limitado en profundidad frente a otros países de la región. Con un consumo total estimado entre 110 y 120 millones de pares al año y una población cercana a 51 millones de habitantes, el promedio nacional se ubica entre 2,2 y 2,4 pares por persona al año. Este nivel refleja una recuperación gradual frente a los ajustes de años anteriores, pero sigue mostrando un comportamiento prudente del consumidor, más enfocado en reposición que en expansión del guardarropa.

 

Cuando ese volumen se traduce a valor, el análisis es aún más revelador. El gasto total en calzado para 2025 se proyecta alrededor de $3,7 billones, lo que implica un gasto per cápita anual cercano a $150.000–$160.000 pesos. En términos prácticos, esto se traduce en un precio promedio implícito por par de entre $65.000 y $70.000, coherente con un mercado dominado por calzado de gama media y baja, alta sensibilidad al precio y una fuerte presencia de importaciones y oferta informal. El consumidor colombiano compra pocos pares y cuida el desembolso, priorizando funcionalidad y precio sobre diferenciación.

Desde una lectura estructural, este per cápita explica por qué el crecimiento del sector no se da por volumen, sino por la disputa de valor dentro de un mercado prácticamente maduro. Colombia sigue rezagada frente a economías comparables de la región donde el consumo supera los 3 pares por persona al año, lo que evidencia una brecha asociada tanto al ingreso disponible como a la informalidad que distorsiona precios y hábitos de compra. Para la industria formal, el reto no es solo vender más pares, sino elevar el valor capturado por cada compra, ya sea vía especialización, mejor diseño, calzado técnico o fortalecimiento del canal organizado.

 

En ese mapa productivo, Bogotá tiene un peso particular por concentración y oficio. La Secretaría de Desarrollo Económico ha señalado que desde El Barrio El Restrepo se producen más de 14 millones de pares al año, convirtiéndolo en el clúster urbano más visible del país. Si se toma la hipótesis operativa de que Restrepo representa el 85% de la producción de Bogotá, la ciudad estaría alrededor de 16,5 millones de pares anuales (estimación), lo que confirma dos realidades: Bogotá no solo consume, también produce; y, a la vez, depende de un núcleo productivo muy localizado, donde cualquier choque de costos, informalidad o seguridad se amplifica en toda la cadena.

Del lado empresarial, el Mapa Nacional del Retail confirma una categoría con señales de resiliencia en 2024, pese al enfriamiento del consumo. En el ranking de compañías líderes, Bata se sostiene como referencia del mercado: vendió más de ocho millones de pares, opera una red superior a 300 tiendas y reportó ingresos por $549.716 millones en 2024. Croydon ocupó el segundo lugar con $425.623 millones y crecimiento de 8,7%, apalancada en su red física, el canal digital y un portafolio que entendió el giro hacia líneas urbanas y deportivas. En el tercer puesto, Calzatodo reportó $171.121 millones y crecimiento de 6,0%, con una red cercana a 140 tiendas y un modelo multimarca que le da cobertura nacional. 

 

El mayor freno del sector sigue estando fuera del producto: está en la estructura de legalidad del mercado. ACICAM ha advertido que, en Colombia, de un consumo cercano a 120 millones de pares, solo 35% corresponde a producción nacional formal; el resto se reparte entre importaciones (alrededor de 33%), informalidad (27%) y un componente adicional de contrabando cercano al 5%. 

En la práctica, esto significa que el precio no compite solo con eficiencia y diseño, sino contra quien no paga impuestos, no cumple normas laborales y desplaza a la empresa organizada. A esa distorsión se suma la fabricación informal asociada a copias y marcas piratas, que presiona precios a la baja, debilita márgenes y limita inversión en innovación y productividad. 

 

En síntesis, IFLS+EICI 2026 llega con una agenda clara: mover negocio inmediato, sí, pero sobre todo ayudar a que el sector alinee consumo, producción y comercio bajo reglas de competencia más equilibradas. Colombia tiene volumen, tiene clústeres productivos probados y tiene jugadores líderes con capacidad de distribución; lo que falta es reducir la brecha entre el mercado formal y la realidad ilegal para que el crecimiento no se quede en “pares”, sino que se traduzca en valor, empleo y sostenibilidad industrial.

 

Fuente: Mall & Retail.