Popsy llega a su cumpleaños número 45 con una historia que explica por qué algunas marcas trascienden el producto y se convierten en cultura de consumo. En el reciente pódcast “Un paso adelante” de Bancolombia, Carlos Eduardo Londoño, presidente y CEO de Popsy, compartió la historia que hay detrás de esta marca tan querida por los colombianos.

En el caso del Grupo Uribe, el crecimiento de 40,2 % en 2025 debe leerse como el resultado de una ventaja operativa poco común en el mercado. Su portafolio incluye marcas como Chevignon, Americanino, Mango, Naf Naf, Esprit, BrandStore, Rifle, Vivant, G-Star Raw, American Eagle, American Brands, Carrera y la cadena Outlet todo al 50%, lo que le permite cubrir múltiples segmentos: femenino, masculino, casual, denim y oferta de valor. Esta combinación de marcas propias, licenciadas europeas y estadounidenses le otorga diversificación de riesgo y amplitud de público objetivo.
Su origen no fue el de un gran conglomerado, sino el de una familia que decidió emprender con todo. Álvaro y Elena, padres de Carlos Eduardo Londoño, regresaron a Colombia tras una trayectoria internacional y tomaron una decisión definitiva: invertir los ahorros que estaban destinados a una casa para construir empresa.
En esa apuesta había amor por la familia y por el proyecto, y había valores como disciplina, respeto por las personas y compromiso con Colombia. Ese ADN, familiar y humano, sigue siendo la base cultural que hoy sostiene una organización de escala nacional.
Desde los orígenes, la innovación no fue un accesorio; fue la forma de competir. Popsy logró ofrecer el primer helado gourmet en Colombia cuando el mercado todavía estaba dominado por propuestas estándar, y construyó una experiencia alrededor de variedad, preparaciones y consistencia en calidad. Esa innovación también se tradujo en formato y conveniencia: la marca trajo al país el primer modelo de autoservicio tipo drive thru (autopago), anticipando tendencias de consumo rápido que hoy son parte del mapa urbano.
Popsy también fue pionera en las colaboraciones con otras marcas, hoy tan presentes en la gestión empresarial. Carlos ha señalado que fue la primera marca nacional y de América Latina en trabajar con de chocolate Mars®, una decisión coherente con el momento en que la compañía entendió que, frente a competidores con gran músculo comercial, la diferenciación podía fortalecerse sumando marcas globales a su propuesta de valor.
Esa visión se materializó en desarrollos concretos con referencias asociadas a Snickers y otras marcas del grupo, confirmando que una alianza bien construida se convierte en innovación aplicable y refuerza la competitividad sin renunciar a la calidad. En esa misma lógica se consolidó la alianza con Juan Valdez.
Un punto de quiebre en la historia reciente fue la llegada de McDonald’s como competidor visible, con una estructura de mercadeo masivo y precios agresivos, especialmente en el contexto crítico de 1999, cuando el consumo estaba golpeado y la presión competitiva se sentía con fuerza.

La respuesta de Popsy no fue entrar en una guerra de precios que diluyera su propuesta de valor; fue rediseñar el acceso. La anécdota de “dos bolitas pequeñas” a un precio asequible, inspirada en una escena cotidiana, deja una lección de retail: competir no siempre es imitar al rival; a veces es traducir la fortaleza propia —variedad, experiencia y calidad— a un formato que el consumidor pueda pagar en el momento exacto. Esa decisión permitió defender tráfico, mantener filas en tiendas y confirmar que la creatividad estratégica se activa cuando la marca está conectada con la calle.
El proceso de internacionalización ha sido coherente con esa visión: crecer con propósito y con una operación capaz de replicar estándares. Carlos describe el ecosistema corporativo de Popsy como una imagen de crecimiento contundente: un emprendimiento que arrancó con nueve personas —dos en fábrica, cinco en heladería y sus padres Álvaro y Elena— y que hoy cuenta con 250 puntos de venta. Esa evolución se traduce en un grupo de 2.200 personas en Colombia. A eso se suma la operación internacional, con presencia en Panamá (cerca de 20 años) y Perú (13 años), que agrega algo más de 1.000 personas. En total, el grupo ronda las 3.300 personas y está presente en cerca de 75 ciudades en la región, de las cuales 52 están en Colombia.

En esa expansión internacional, la compañía consolidó operación en Perú y Panamá con la marca Gelarti, llevando su propuesta a nuevos mercados y demostrando capacidad de adaptación sin perder disciplina operativa.
En lo financiero, el ecosistema también muestra escala y relevancia. De acuerdo con el Mapa Nacional de Retail, realizado por Mall & Retail, Comercial Allan, propietaria de la marca Popsy, registró ventas en 2024 por $254.139 millones; y Expertos en Café, que opera la franquicia con Juan Valdez y Café Popsy, reportó ingresos en 2024 por $27.781 millones.
Pensar a Popsy en diez años implica proyectar esa misma coherencia en un mercado más competitivo y más exigente. La marca se imagina con una presencia aún más profunda en Colombia, llevando su propuesta a distintas regiones y realidades de consumo, y con una internacionalización más decidida para abrir nuevos destinos en América Latina y, eventualmente, en otras regiones.
La brújula estratégica se resume en una idea que define legado y expansión: democratizar el acceso a helado de alta calidad para que no sea un lujo de una zona o de una élite, sino una experiencia disponible en un país de regiones. Si esa disciplina se mantiene, el cumpleaños 45 no será un hito de nostalgia, sino la confirmación de una tesis empresarial: cuando los valores están en el centro, la expansión llega como consecuencia.
Fuente: Mall & Retail.
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